Bicicleteada poética. Cuarta parada


Noche de las librerías
LAS BICICLETAS FRENTE A 
CLÁSICA Y MODERNA


Cadena de bicicleta
por NICOLÁS DI CANDIA

Siempre encontré conveniente no dejar la bicicleta al alcance de cualquiera. Por eso, cuando no tengo más remedio que estacionarla en la calle, uso una cadena con llave para dificultar que me la roben.

Ese día hice exactamente eso. Pero cuando volví, me encontré en una situación extraña. La bicicleta estaba ahí, nadie se la había llevado gracias a que estaba protegida por la cadena. Cuando la fui a abrir, la cadena empezó a sacudirse. Me costó dar vueltas a la llave, pero lo logré. En ese momento, la cadena pegó un salto enorme y se alejó varios metros.

No se quedó en eso. La cadena reptaba. Formaba una S sobre el suelo y se deslizaba por las baldosas, zigzagueando entre la gente, cuya presencia me impedía ir directo a agarrarla.

La empecé a seguir. Tardé pocos segundos, porque no podía irse a demasiada velocidad. Cuando la logré agarrar, se sacudió con la misma fuerza de antes. Pero esta vez estaba preparado y fui firme. No la dejé volver a escapar. Como los sacudones seguían, decidí cortar por lo sano, la agarré de un extremo y le golpeé la cerradura contra el cordón de la vereda. Con eso no se volvió a mover.

Entonces fui a buscar la bicicleta, pero cuando llegué a donde la había dejado no estaba más.







VIRGINIA JANZA





Hay un movimiento
interno
que me agita
ha
comienza desde adentro
el corazón
haa
pedalea
hace ritmo
se agita
ha ha
pedalea
mi ritmo
los pies en el aire
acelero
haa
pienso que no voy a llegar
me agito
ritmo parejo
ha
en el aire lo llevo
adentro anticipo
ha ha ha
el aire sale seco raspando la garganta
ha
la rodilla el calor los huesos acomodados
haa

¿es así?
los músculos se ponen rígidos
¿así?

desestabilizada en movimiento
un pie otro pie
rígida
sacudida circular
desde el pecho
ha
hacia arriba
ventosas en movimiento
una columna de aire
haaa
un vacío
interno




KARINA MACCIÓ LEE A  
ADÉLIA PRADO


Una vez más 

No quiero amar más a Jonathan.
Estoy cansada de este amor sin mimos,
Destinado a volverse un amor de viejos.
Ay, nunca hablé así
-un amor de viejos.
Sin duda es una falsedad.
Así sea que Jonathan me olvide
Y esta canción desafine
como un mal bolero,
sigo queriendo la bicicleta holandesa
y después la cripta gótica
para que nuestros huesos descansen.
Eh, Jonathan,
no depende de vos
que el cántaro invisible rebalse oro.
Ni de mí.
Quiero afear el poema
para arrojarte mi desprecio,
en vano.
Lo escribe quien me dicta estas palabras,
lo escribe a través de mi mano.


 

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *