Lectura en Ecunhi – Karina Macció



Rinko Kawauchi




“¿Qué es la tierra, mamá?”
¿Un planeta, un mundo
lo que impregna mis manos y mis pies?
¿La tierra gris de mis rodillas que no puedo sacar?
¿El polvo que se cuela por los poros y entra en la sangre?
(En la sangre, ¿hay tierra mamá?)
¿La tierra que como en las papas y las manzanas? ¿En los higos que robaba en la casa de la nona? ¿En las uvas rubias que hacían un techo de parra? 
¿En el patio jardín de plantas enredadas, mestizadas, de troncos fuertísimos, de espinas como brazos? 
¿En las hormigas que observábamos ir y venir llevando cargas imposibles, tres veces, mil veces, su tamaño, nuestro cuerpo?
¿Qué es la tierra, mamá?
Yo también te pregunto, mamá de mamá. 
Yo también te pregunto. 

No sé. 
Perdí contacto.
Cuando íbamos a la playa, sabía enrollarme de arena y explorar dunas entre los arbustos. 
Perdí contacto.
Cuando me escabullía en la quinta de al lado, sabía montarme al Lobo malo, al que nadie se acercaba y jugaba con conejos, con gallinas, y ellas me daban sus huevos, felices. 
Perdí contacto.
Cuando el agua me llevaba como un barco, y yo me dejaba, hasta casi ahogarme, pero vivía fresca, radiante, tostada. 
Perdí contacto. 
Cuando los perros me seguían para hablarme y calentarse con mis piernas, y recorríamos calles de siesta con autos congelados y ruido de sol rajante. 
Perdí contacto.
Cuando se murió la nona, y se llevó sus plegarias, los gritos italianos, las risas abundantes, las manzanas verdes impecables, 
se fue para siempre y se llevó la crema nivea de pote azul metálico, el galpón con la tabla de amasar y los objetos basura, los más mágicos, lo más llenos de tierra que jamás tuve. 
Perdí contacto. 
No supe. 
No sé. 
Perdí contacto al ver que el mundo entero se explota con un botón, y que sin hacerlo, se horada a cada segundo, se agujerean sus raíces, su interior corazón. Nos agujereamos y no importa. Nos matamos y no importa. Nos amamos y no importa. 
Perdí contacto cuando vi árboles acostados como cuerpos, cuerpos acostados como árboles, cubriendo planicies secas, desiertos sin arena, familias desarmadas, fagocitadas. 
No supe. 
No sé
Cómo
igual
una semilla germina, sonríe, 
plantemos tomates en esta maceta, mamá, ¿acá? me asombré, no creí, no va a salir nada, y no sé, tomates no salieron pero una planta sí, carnívora quizás, con ojitos y dureza, pero una planta sí, y es tuya, dijiste, te la comparto, mamá, es mía pero es de todos, y si salen tomates hacemos una ensalada y los voy a probar, o te los regalo, tenemos una planta en el balcón y crece, piedra que se abre, fruto, sol condensado, un gusano haciendo su trabajo en el abasto
en un balcón
en una torre
paz de huesos descompuestos
desperdicios
regenerándose
una planta en el balcón crece
paz horizontal, cosecha, cielo detrás
paz roja, marrón, amarilla, verde
cuando vos estabas en mi panza
la tierra se dio vuelta y me acarició
sentí mis plantas, caminé, pisé por primera vez
vida
una planta en el balcón crece
como vos, imparable
desde el cielo a la tierra
vida
qué es la tierra
por qué, a pesar de todo
nos cobija
no sé
no quiero
perder contacto
ayudáme
vos sabés más
vos sabés
cantar
quedarte callada
sin palabras o razones
vos sabés
morir y nacer
todos los días
ayudáme
cada vez
madre
tierra
hija
planta
mamá. 





Karina Macció, inédito, 2013.

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