“Como un abanico”, Loreley El Jaber escribe sobre “Lado Géminis”


Como un abanico

Segunda parte


Lado Géminis, fiel a su título, se construye en base a un juego de pares que, o bien se sostiene en la materia de la poesía, o bien lo hace mediante un juego dialógico de voces que se entabla incluso gráficamente a través del uso de la cursiva y del paréntesis: “quéescisión estúpida aconsejarías/ vos, cirujano de órganos tibios/ ¿amputarme la mirada de una vez?/ ¿dejar salir la lengua-jirafa?/ Nada de eso…”; “alguna vez fuimos/ parejos/ (¿podés sentirlo todavía?)”.
El cuerpo amputado, amputable, como el yo plural innombrado e innombrable, como el todo imposible de abarcar. Lo asible resulta tan poco, lo real tan pequeño. Así entra el tiempo en este libro, el paso del tiempo y con él el aprender: “Hubo un tiempo en que fui… pero luego supe”. El saber es decepción; el crecimiento que traen los años, deriva. No hay resguardo en el presente,
allí el único refugio posible es el pasado: “en el agua parecíamos no ser/ nosotros en el tiempo/ jugábamos carreras de nado/ resbalábamos barrenador/ flotando quietos/ panza arriba/ caminata lunar en el fondo/ escamas nos unían la cola de sirena/ más allá las frías corrientes/ los bancos de arena/ espuma amarilla/ tus ojos minerales/ reflejos/ estupefacto ojo/  siguiéndome a todas partes”. La belleza de la memoria de una dupla a nado perdura en el ojo de la ya no tan joven y encuentra, por suerte, palabra.
La monotonía del hoy clausura el viaje, lleva a buscar el camino a tientas y a perderse, lleva a preguntarse: “qué sigue cuando el tiempo consume”.
Janza nos regala un sendero, construye trabajosamente un espacio de contención al desborde de un tiempo amplio que se ramifica y así socava toda imagen de arraigo, de seguridad terrosa. El sendero es, como no podía ser de otro modo, una imagen conjunta: “la fosa y la orilla”; imagen cuya apuesta se ve reforzada en un doblez genuinamente geminiana, desde el que  ugiere “mantener la boca cerrada/ apretar fuerte los labios/ y no permitir la huida” y a su vez exponer por completo la piel “porque cuanto más carne/ más roja/ más suelta”.
El pliegue del abanico no se ve, nadie repara en ese pequeño fragmento contenido y reiterado, que se esconde, que hace al movimiento, que permite su rítmica seducción desplegada. Lado Géminis muestra cada pliegue y asimismo lo abre entero, lo sacude, lo detiene. Virginia Janza exhibe al mismo tiempo una piel rojamente abierta y un par de labios fruncidos, una boca lacrada.

Loreley El Jaber

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