Entrevista a Karina Macció en ocasión del XXI Festival Internacional de Poesía de Rosario





Karina Macció: “Escribo para sentir en toda su intensidad”
Por Delfina Amelong    

De risa sonora (muy), me cuenta, orgullosa, a propósito de sí misma. Hasta la visión desde su ventana es poderosa. Una de las fotos que me manda Karina junto con sus respuestas no es de una mañana de sol, es de un atardecer. Escondiéndose detrás de los edificios, está el sol. El sol que quiebra las calles del Abasto. Allí se encuentra “La Guardia Literaria”, el espacio donde funciona Siempre de viaje, su taller de lectura y escritura, poesía, narrativa y bordes, “un espacio para la difusión y promoción de nuevos talentos; un espacio para la creación de eventos (presentaciones, puestas en escena, performances)”, como reza su página web. También allí, abunda, en el Abasto, funciona su editorial, Viajera editorial, “letras para viajar, literatura para disfrutar”. Está claro, para Karina la poesía es un círculo virtuoso, un ruedo infinito y constante, un elixir intenso.
“Muchas gracias”, le dije anticipadamente al mandarle las preguntas. “Gracias a vos! Fue muy divertido!”, me respondió debajo. El entusiasmo no escatimó en detalles de referencia: “no vivo en una casa, vivo en un departamento chiquito, pero abajo hay un parque y una pared tan linda como la que se puede ver”. Hecha la salvedad, la observo, frente a la enredadera de la pared, haciendo una lectura. Abre el libro y se aleja más del cielo. Karina Macció, la poetisa de los viajes. 

  

-¿Qué lectura (texto, película, música) o experiencia te llevó a escribir poesía? ¿Qué gatilló el poema? ¿Qué edad tenías? ¿Provenías de un ambiente familiarizado con la poesía o la literatura?


-Mis primeros poemas fueron lo que solemos llamar “poemas de ocasión”. Escribía rimas pegajosas para los cumpleaños de mi mamá, mi papá, mis abuelos, en fin, para aquellos que eran todo para mí en esos días. Iba en tarjetas elaboradas con ilustraciones y colores. Esto fue cuando era chica, a los 8 o 9 años. Luego fui haciendo lecturas, siempre fui muy ávida, y leía todo lo que llegaba a mis manos. Poesía no tanto hasta entrada la adolescencia. Entonces conocí a Martí, Darío, Storni, Pizarnik, y Poe, primero en castellano, y luego en inglés. Primero fueron sus cuentos y luego sus poemas y todo el material que podía conseguir. Definitivamente Edgar Allan Poe fue un iniciador en la literatura para mí. Él me condujo a Baudelaire y a todos los franceses, Verlaine, Rimbaud, los malditos, otra gran influencia.
En cuanto a la literatura, en mi casa había una biblioteca importante, con mucha literatura, pero aún más filosofía. Poesía muy poco, aunque mi mamá escribía en su cuaderno poemas que no mostraba a nadie (yo los leía a escondidas). Mi papá es un gran lector, sobre todo de ensayos, así que la lectura y la escritura estaban presentes en casa, aunque no como profesión.

-¿Cuál es tu proceso de escritura? ¿Tenés un método, un horario, un lugar? ¿Te acompañás con lecturas?

– Mi proceso de escritura es tomar el momento que se pueda y escribir. No tengo un método, me gustaría quizás. El anti-método que ejerzo es darle cabida al flujo de escribir cuando viene, si en ese momento no estoy literalmente haciendo otra cosa. Si me estoy por ir a dormir, a bañar, a comer, y surge que pide ser escrito, dejo todo, agarro lo que sea (cuadernos, papeles, computador, celular) y escribo.
Las lecturas son siempre grandes amigas, indispensables. Ellas también me llevan hacia algún lugar, me iluminan, responden mis preguntas, me muestran caminos posibles.  

-¿Quién, de entre los invitados del festival, te gustaría que te lea? ¿Cómo es tu relación con el festival?

-Qué pregunta difícil… Sin pensarlo demasiado, supongo que Diana Bellessi. Me encanta lo que escribe y toda su persona me resulta poética.
Mi relación con el Festival empezó hace dos años cuando decidimos desde Viajera Editorial aventurarnos viniendo desde Buenos Aires a participar de cualquier manera. Tuvimos un recibimiento hermoso, enseguida nos hicieron un lugar en la Feria de Editoriales, y pudimos participar de la trasnoche del Festival que es increíble. Desde ese momento nos comprometimos a hacer este viaje todos los años. 

-¿Contra qué o contra quién escribís? ¿Qué autor de la contemporaneidad te parece sobrevaluado?

-Escribo contra lo superficial, contra la pose, contra no sentir. En un sentido más amplio, creo que escribo contra la muerte, contra el tiempo. De todas formas, me gusta pensarlo al revés: escribo para sentir en toda su intensidad, para comunicar más allá de las palabras, para conjurar la angustia y el vacío, para buscar algo que pasa cuando escribo, que no sé muy bien qué es, pero supongo que podría llamarse “sentido”.
No sé que autor está sobrevaluado. Estoy muy cerca. Lo contemporáneo es ahora. Seguro que hay autores que me gustan y otros que no. La crítica es siempre caprichosa, como el tiempo, no asegura nada.

-¿Cuál fue “el” momento poético que hayas vivido en las últimas horas?

-En las últimas horas estuve trabajando con el diseñador gráfico en las últimas correcciones de dos libros de Viajera Editorial. Y terminamos. Eso conlleva una felicidad máxima, un disfrute por anticipado de estos objetos poéticos y mágicos que son para mí los libros.

-¿Qué libro o autor contemporáneo recomendarías?

-Silvina Ocampo, este año estuve leyéndola un montón. Es increíble. Absolutamente original. 

-¿Qué es lo que más te sorprendió encontrar al buscar tu nombre en Google?

-No sé! Esperá que lo hago… Ahí está. Bueno sin entrar a los links, me sorprendió que sale una foto mía de cuando no tengo flequillo. Me causa gracia.

-Visité su página web “Siempre de viaje” y vi también que tenía una editorial llamada “Viajera”. ¿Considera estos nombres como metáforas de su relación con la poesía? 

-Claro! Obviamente no estamos cara a cara, sino ya te habrías dado cuenta de que son mis palabras preferidas: viaje, poesía, viajera, siempre, literatura, taller, libro, vida, corazón, contar, descubrir, explorar, escribir. Me dejé llevar y agregué algunas más.


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