Ricardo Czikk escribe sobre «La Pérdida o la Perdida», de Karina Macció – Parte II




Partida Cuatro: parir. Un parto del yo en el espejo. Un yo que sabe que proviene del nosotros. Freud decía que toda psicología es primero psicología social. No hay forma de ser sin haber sido parido, pero sobre todo habiendo sido nombrado. Lo más humanizante, presente varias veces en el texto, es ser hablado por un lenguaje que rebasa y hace nacer al Yo en el espejo. “Es ilusión / tengo que poder porque antes / antes de que vinieran / tus ojos/ mis espejos / antes yo.”  Pero también hay alumbramiento “Por ahora –tan breve momento- hay algo cálido, suave, afelpado, lleno de luz”. Dar a luz… otra forma en que se pierde una ilusoria unidad transitoria madre/hijo que se desgarra en el parto/ir del nuevo ser. “…me muestra que tengo ombligo, que de ahí salió alguna vez otra cuerda que me conectó a un antes de mí, otra mujer que me dijo “éste es tu nombre”.
Partida Cinco: la del ajedrez. “Yo, la ubicación clave, la imprescindible”. Obvia reminiscencia de Alicia jugando con la Reina, o ¿Reina vuelta imprescindible? Sin embargo, en otra referencia a ese momento en que Alicia corre en un mundo kafkiano, donde aunque vaya para adelante siempre vuelve hacia atrás, Karina sostiene“¿Salir corriendo? / ¿a qué lugar?..” y concluye en ese mismo segmento con “… ¿correr de mí o tras de mí? / ¿salirme del medio? /¿sacarme? ¿y dónde ponerme? / ¿escapar?”. Si bien podría ser la que está en el lugar clave, no sabe si está bien parada en esta partida. Quizá no sea la Reina, sino que se halle perdida. Pura pérdida. También Karina crea a su precursor J. L. Borges, quién ha escrito: “Dios mueve al jugador y éste, la pieza. / ¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza /  De polvo y tiempo y sueño y agonía?”iv, dios-Dios, circularidad del origen que se resolvería en apariencia con el dispositivo lingüístico de la mayúscula. “… el cuerpo mismo es la mayúscula, que dibuja una letra gótica, rebuscada con arabescos…” sostiene Karina. La duda del origen la ubica en el  lenguaje, aquello que alimenta la obsesión del filólogo. ¿Quién es creador y quién creado? Partida infinita cómo en Borges, el anfiteatro es ubicuo, pero no es blanco y negro sino de colores estallados en todo el libro: “ceniza”, amarillo “campo de flores Van Gogh”, “peras verdes”, “rojo negro”, “mendigos violáceos ansiosos” y muchos más.
Bordes
“Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo” Ludwig Wittgenstein
Hay una desesperada pregunta por el sentido. Aparece puntuada en las formas en que el término se hace presente. Algunas de ellas: 
“Un contrasentido” 

o bien 
“(casi sin sentir, porque sin sentir es sinsentido…” 
Lo que irrumpe como posible (probable) respuesta, sería salirse del límite mundano del propio lenguaje que queda acorralado en el habla, recurriendo a un salto de fronteras por medio del idioma.  Dicho de otro modo, Karina se encuentra con el límite de lo que puede decir y recurre al inglés como tabla de salvación, para volver de una manera renovada al cauce tormentoso de sus re-flexiones. 
“Take my hand /come back to the land” para seguir, como si estuviera en el recreo del colegio, “donde todo es posible, greenland, neverland, la tierra del nunca más enamorado porque nunca más es para siempre-antes-no-era-posible y ahora sí”.
No sólo rompe el cerco por el paso al inglés, sino que lo usa como excusa para crear por medio del guionado un neologismo, “siempre-antes-no-era-posible”. De este modo concretaría el intento por romper con el nunca (never) de esa tierra, también verde (green), vale decir el improbable “año verde” con que respondemos ante lo que creemos irrealizable o lo que no esperamos que suceda.
El salto idiomático entonces no es para irse, sino que para volver de otra manera al mundo. El mundo que se crea en el romance entre yo y mí, un nosotros especulado en redobles como el del poema x-y. Así por ejemplo “let me you stripped down to the bone / No-quiero-más-caras…” Si no desea máscaras, ¿puede leerse stripped como “destripar hasta los huesos”?. “Let me see you secreaming just for me” ¿Grito sí por mí? 
Remata ese mismo poema:
“(déjame / verte / hasta el hueso)
(traducir-te)
(hasta el resonar del hueso)
(hasta el fin)
(fin)
(del mundo)”  
Verte y traducirte permiten llegar al hueso, al fin de su mundo.
Algo que vuelve en el último texto del libro: 
“Border, me gusta esa palabra. Parece la  hermana deforme de la española, arrastra una erre, se impone más sonora, más todavía pronunciada por mi boca castellana: la erre resuena, es un eco que vuelve. In the border, no “estar” sino ser en el borde…”
En este último texto prosa poética con forma epistolar, se rehace la autora como “yo” que le habla al vos, al encabezarlo con “Querido Vos”v. Recurre necesariamente al idioma para escindirse nuevamente, no por casualidad recurriendo al límite, al borde del cuerpo, que es la piel que ve en el espejo, aquello que la vista deja ver. Ya no quiere ir hasta el hueso, se quiere quedar en la superficie, porque corre el aparente riesgo de quedarse sin ser amado o sin poder ser amado.
El mundo es el límite, el borde, la piel que Macció recorre con la lengua. Es la castellana que usa toda la boca para rearmar sin éxito al irrecuperable hermafrodita-andrógino, quien será sepultado por las escansiones del habla (no hay palabra sin corte en la continuidad de los sonidos emitidos). Inútilmente trata de recuperar por medio de la poesía aquello que se halla perdido, pero a la vez intenta escapar de la fascinación que le produce la unidad. 
¿Quién soy?
 “¿Quién soy?***************************************************************
Mi nombre, claro.
Mi nombre, relleno.
Mi nombre        que       va

Acá
Yo”

Moisés le pregunta a Dios por su identidad,  a lo que le responde “Seré el que seré”. El dios bíblico no tiene presente ni espacio. Se irá dando en la mente del que interroga, del que lo invoca. Multiforme, no admitirá ser idolatrado en una imagen o nombre que lo congele. 

Aquí Macció, luego de afanosamente preguntarse por quién es, se condensará en la  única forma de nombrarse, de no extraviarse en los meandros de la lengua y la ilusión del nosotros, de ser y no ser al mismo tiempo: x/y, yo/mí, estrella/estrellada, perdida/pérdida, castellana/inglesa, una suerte de ying yang que palpita a lo largo (y ancho) del libro. 
Decide que se nombrará y será
Acá-espacio 
Yo-tiempo
situando las coordenadas en que se llamará (convocará /con-bocará) sin precisar del Otro (el que se ata en el nos-otros) como lazo para mantenerse idéntica, y no estar partida, 
Pérdida o Perdida.



Ricardo Czikk

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