Respiro abriendo las fosas – Virginia Janza


no te llega agua al molino
pero las astas se mueven
giran y giran
bombea
mi molino rojo
de damas camelias y ajedrez chino

Respiro abriendo las fosas
cierro los ojos
no ver lo que viene es una gran cualidad
y sin embargo
nunca me partieron la boca de un beso
(qué estupidez, los labios ya vienen partidos
se separan con el primer grito al nacer)
si pudiéramos dividir la lengua
seríamos bilingües
o serpenteantes asesinas
después de todo, la asociación está implícita
implicada en nuestro ondular:
las BOAS se acercan despacio a su presa, se arrastran,
esperan, esperan, esperan –paciencia les sobra–
se posicionan cerca y sacan la lengua con un ligero
sonido sibilante, apenas entornan los ojos (que nunca
desvían de la víctima), retuercen el cuerpo de placer
y se lanzan DE GOLPE, sorpresivamente, aun para quienes
esperaban el salto.
Una vez atrapada la presa, la boa se queda inmóvil,
presionando, o de nuevo esperando a que deje
de respirar, se separa con un movimiento lento
y precavido, y se traga su bocado sin más.
Lo mejor es no dejar sangre en la escena.
Actuar asépticamente excepto por
el molino rojo que sigue y sigue girando
moviendo los brazos como banderines
es el testigo
la prueba que hay que desaparecer
deberíamos planear cómo matar al molino
aterrizar despacio
ser una mosca
después de todo los insectos viven en él
bacterias hongos vampiritos criminales
        /que se llenan la boca de rojo
me pregunto para qué
sirven los inventos
si las cosas más simples
siguen siendo imposibles:
matar un insecto
destruir al molino
hachar el árbol
partirle a una la boca de un beso.

Qué estupidez, con una sierra podría
pero entonces si el molino se deja de mover
la sangre no fluye
hongos bacterias pequeños insectos adentro mío
quedarían a merced del Gran Cuerpo
con sus luces y sus techos y sus antiparasitarios
renovando
un viejo contrato entre hombres
que todavía le temen a la naturaleza
y siguen esperando
plantar un hijo
escribir un árbol
tener un libro.

Virginia Janza, Lado Géminis.
Viajera, 2012.

Ernst L. Kirchner

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