Andrea Larrieu: Qué mundo te espera detrás de la puerta (fragmento)



Las doce horas en las que estuvo sentada, fueron eternas. Sólo un descanso corto para comer un trozo de pan, tomar un vaso de agua y hacer pis, mucho pis para aguantar hasta el final de la jornada. Pero a ella le parecía una hazaña que valía la pena. En el descanso, cada chica buscó su rinconcito para sentarse y comer las sobras de la noche, o algo que les engañase el estómago. Rosa estaba ansiosa por saber, por conversar, por tener una amiga. No la miraron, no le hablaron, hasta llegó a pensar que eran mudas. Alguna le sonreía pero enseguida agachaba la cabeza temerosa de ser castigada por la madrasta malvada, esperanzada de que viniese el príncipe a salvarla. Rosa se decepcionó un poco, esto de ser princesa la estaba aburriendo. En sus fantasías, nunca había esperado a un príncipe salvador. Fue al encuentro de su tía. Ella le indicó que se sentara a su lado, y, con la garganta muda, le dio una palmadita en la cabeza. Rosa calló también. Se tragó las palabras junto con el pan y un trozo de queso. Pensó que así debía ser. Ya iba a aprender.


Andrea Larrieu, Encontradas y Perdidas.
Viajera, 2014.


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