Nicolás Pazos sobre “Agua o niño que corre”, de Eugenia Coiro




Geografía humana, anatomía natural. La imaginación poética de Eugenia Coiro nos propone un poema fantástico y monstruoso. La naturaleza es tan humana que lastima y da placer, mientras que lo humano se construye con fragmentos del mundo animal y vegetal.
Dos distancias definitivamente escindidas: el agua y la orilla. Dos sexos separados por un límite: lo masculino y lo femenino. Dos lugares donde existir: el cuerpo y la mente. Otros dos, de los cuales partir: la infancia y la vida. Pero en la línea de la orilla, esos mundos van a encontrarse, per-mutando sus significados. Ese encuentro necesariamente traerá dolor, como nacer, como vivir, pero es un dolor exótico y sublime: el saberse humano nos excluye en cierta medida del ciclo natural. Ser humano es un poco estar solo mirando la orilla.
El verdadero personaje de este libro quizás sea la muerte. Pero no la muerte de la carne. Ni siquiera la muerte como concepto. Sino la muerte como transformación. Como búsqueda de sentido.
Niño o agua que corre es un poema que simula una trama. Y Eugenia Coiro nos engañará focalizando nuestra atención en dos cosas: ¿cómo se hilvana la historia? y ¿qué es el niño? Cosas que acaso no importan tanto como sus dos personajes ocultos: la voz narradora y la enamorada. Es a través de ellas que percibimos al niño/monstruo que pareciera ser el protagonista de esta trampa poética. Es a través de ellas que el mundo natural y el cuerpo del otro se llenan de erotismo y sensualidad, es a través de esas miradas que la belleza se hace monstruosa y brutal, y cuando el lector menos lo espera la enamorada vuelve a ser niña:
De modo que esto es la orilla.


Algo parecido al amor me nace
algo apenas roto.



Nicolás Pazos, 2014.

Karin Godnic

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