KRAV MAGÁ (cuerpo a cuerpo): crónica del distanciamiento * Pablo Müllner


 

 Un médico concienzudo debe morir con el enfermo

si no pueden curarse juntos.

El capitán de un barco perece con el barco, en el agua. No le sobrevive.
No se puede comparar a un enfermo con un barco.
¿Por qué no? El barco tiene también sus enfermedades;

además tu doctor es tan sano como un barco;

también por eso debía perecer al mismo tiempo que el enfermo,

como el doctor y su barco.

Eugene Ionesco, La Cantante Calva

La cita del genial, incomparable dramaturgo Eugene Ionesco, y está tanto relacionada con los lugares comunes de la lengua como con el costumbrismo de los pueblos. Esas extrañas reglas de vida que rigen no ya quizá las zonas más urbanizadas, pero si como sería el caso de Inglaterra, los suburbios, o como sucede en nuestro país, el conurbano.

Hay mucho de los rituales de iniciación, en los relatos de Ricardo Czikk, describiendo como alguien que se aleja, quizá emocionalmente de ésos recuerdos que forman parte de un costumbrismo tribal que persiste como ritual pero sin reflexión humana.

Tal es el caso más palmario en el relato “La entrega “, donde se relata como a una corta edad el padre organiza el debut sexual de su hijo, Arturito:

Lo llevó al living de la casa y le habló de la idea, de la prostituta, del debut. No se animó a preguntarle si quería hacerlo o no. El hijo lo miraba a la boca mientras le hablaba. Se había convertido en un zombie de ojos bien abiertos y sonrisa de resignación. Sin decir nada más, le dijo que sí, que iría.”

La presencia de la madre como eje del triángulo, pone en el eje un asunto tan poco evidente al parecer de los padres que ansían el debut precoz de sus hijos varones. Qué lo que empieza en casa, en casa termina. Y por más jocoso que suene a la lectura, tiene un trasfondo de incesto ominoso:

Mientras caminaba de regreso a casa, hablaron poco y nada. Arturo no podía mirarlo a los ojos. Al llegar, sabía que tendría que esquivarla a su mujer, porque su hijo advertiría que ella ya sabía todo. (…) Abrió, los dejó pasar y como único pago requirió a ambos, padre e hijo, un beso único seco y rasposo.”

Quiero citar brevemente “Cara de feliz cumpleaños”, otro relato por la crueldad con la que la voz del narrador se refiere al que fuera víctima de bullying en sus años de secundario y especialmente en el recuerdo de una tarde de visita al Ital Park:

Más humillante que bajarte el pantalón Acá fue hacerte saber que estabas condenado a ver que no veías, estabas atrapado en una paradoja. No podías dejar de estar ahí y al mismo tiempo sentir el odio contenido, la ira de haber sido burlado, el eco de las risas de las chicas, especialmente de Claudia, tan parecida a la de una hiena. (…) Sabías que tenías que sonreír y lo hiciste. Debías seguir su juego. Mientras pensabas con rabia contenida que eso tenía nombre: ser el gordito de anteojos, al que humillaban.”

Años después llega un reencuentro en el que la voz pérfida del narrador cierra el relato de manera escalofriante, con la voz de un narrador que encarna la perversión sin un dejo de remordimiento:

Al Italpark lo cerraron pocos años después. No volviste, ni frecuentaste más a ese grupo de amigos. A mí me lo pudiste contar muchos años y cumpleaños después. Llorabas y transpirabas. La broma fue desgraciada, ni el tiempo había logrado cicatrizar sus efectos.”

Otro momento donde el ritual de lo habitual, el costumbrismo se vuelve atávico pierde sentido, pero ya no en el sentido jocoso de una pieza de Ionesco, sino más bien, como en Jelinek o en el cine de Chabrol. En el relato Suspendidos, el intento de una joven pareja de tener su primera relación sexual se convierte en una pesadilla “en pausa” y una eterna postergación. Se vuelve tortuoso, lo que debería ser un momento pleno de deseo y de consumación del deseo, y de goce. Es realmente perturbador leer estás líneas sobre el final del relato:

(…) La ansiedad lo toma, (a él, a Arturo) no tiene la menor idea de lo que pasará, pero quiere huir. Una grieta se abre. Va cayendo por ella, al tiempo que ve emerger a Andrea.

Ya no hay vuelta atrás.13321931_1086145678111650_9040910749045446188_n

Arturo queda suspendido, congelado.

La respiración revela su artificialidad y automatismo.

Andrea, etérea y hermosa, también suspendida, no bajará nunca aquel escalón.”

Acto final: “Krav Magá”

No es el final preciso del libro, pero para cerrar esta breve crónica de mi paseo por Krav Magá (Cuerpo a Cuerpo), que quiero hacer unos apuntes sobre lo que indagué acerca del relato que lleva ese mismo nombre: KravMagá, que además me enteré por Internet es el nombre de un entrenamiento militar de defensa personal que utiliza el ejército israelí.

Con estos antecedentes, uno podría suponer el relato de un duelo – cuerpo a cuerpo, como lo indica el título. Pero la trama es más parecida al thriller:

Se decía que estaba pagando un precio demasiado alto por tan poco: un gerente como Alfredo, un psicópata, es cierto, pero nada que temer, como para ponerse tan mal, aunque claro, la ominosa sensación no aflojab
a y lo ahogaba. (…) Le había implorado que no tratara a la gente de aquella manera: a los gritos, insultando, denigrándolos, asediándolos con correos electrónicos en medio de la noche y tratándolos de inútiles mientras les arrojaba los papeles en la cara.”

Sin embargo, el personaje “heroico”, resalto el encomillado, es un verdadero arquetipo de los policiales negros o de las más delirantes historias de terror gótico. La literatura porteña tiene su antecedente en el anti-heroe devenido “héroe” por un negro designio, como suele suceder en los relatos más negros de Borges o Marco Denevi. El planteo del relato de Czikk es sencillo: un oficinista mujeriego y algo pendenciero se siente en el peligroso desafío de estar cara a cara con jefe psicópata. El desafío puede imaginarse como un combate cuerpo a cuerop, por alguna analogía con la gauchesca y sus peleas a filo de cuchillo o de las sagas de los samuráis.

Pero, en cambio, la tensión entre los dos personajes masculinos se resuelve con el borgeano recurso de la mujer, o mejor dicho, el cuerpo de la mujer como botín y/o campo de batalla.

Otra vez, la presencia de la mujer indicada en el momento menos afortunado, como suele ocurrir con las rubias Hitchcock. Se vislumbra una relación amorosa triangular entre esta mujer, que se dedica a ser amante por la tarde, sin un plan demasiado explicitado, de ambos. Sobre el final solo queda el cuerpo de la amante-prostituta, ritualmente cosificado, como una Venus de Milo.

Es un relato críptico y en su morbosidad me recuerda la película de terror alemana Murder-Set-Pieces, donde un fotógrafo de modas asesina y desfigura artísticamente los cadáveres de las modelos con las que tiene breves romances. Pero antes de describir escenas de mal gusto, prefiero adentrarme en lo más rico de esa clase de historias que es la identificación del héroe con su antagonista, al punto de hacer tambalear incluso la seguridad de su identidad de víctima, una y otra vez.

Este recorrido, parecido al movimiento de un espiral descendente, es visible no por explicación sino que se deja entrever en las sutilezas de una prosa que, gracias a Czikk y “a sus lecturas” (como agradece al comienzo del libro), sabe tomar distancia moral y centrarse en la descripción minuciosa de lo cotidiano monstruoso.

Pablo “Keyes” Müllner

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