Sobre “Amor atada” de Karina Maccio por Julia Magistratti


Sobre el libro “Amor atada” de Karina Maccio – Casa del Bicentenario 2/9/16

Estoy acá para contarles mi experiencia de lectura de Amor Atada. Voy a comenzar desde el dato inicial, o sea, el minuto cero que llega el libro a mis manos y luego, lo que sucede en su transcurrir y al finalizar.

Amor atada, amoratada, leo el titulo de nuevo, amoratada todo junto. Será una experiencia de violencia de género me pregunto? Moretones, signos de la vilencia con que el otro o los objetos del mundo dejan en nuestro cuerpo. Ah no no, para! Amor-atada, separado. Estar atada, enlazada, sostenida por un hilo, una tanza, una soga, con nudos al cuerpo del otro. Bueno, si el lazo es duro y el nudo que lo ciñe es muy apretado, es posible que también deje moretones. Aunque sea invisible el lazo y el nudo, igual habrá rastros en el cuerpo.

Sabía del proyecto de escritura de Karina, estos libros que arman un corpus sobre el Amor. El amor sus Colores. Del Ocre al Amarillo. Aquí estamos presentando el Amarillo pleno y vibrante.14324249_1154492367943647_2164080689384635848_o

Es una mujer la que habla. Dice “atada”. Es una voz femenina. Se inscribe en la zaga de las poetas mujeres de Sor Juana en adelante. Con especial terreno en la genealogía poética de las mujeres latinoamericanas del siglo XX: Rosario Castellanos en México, Adelia Prado en Brasil y Clarice Lispector (una máquina narrativa que es toda una Poética en si misma), Blanca Varela en Perú, Idea Villariño en Uruguay y acá Alfonsina y Alejandra (nuestras dos Ases de la poesía con A de amor). Hay un dialogo aca, que se esté escribiendo sobre esta materia, estas voces, estas mujeres, en la cocina de sus escrituras, cada una con la ropa de su época y con los afanes de sus épocas.

Adictas todas a esta materia: el Amor. La materia amorosa.

Empiezo a leer. Encuentro por ahí estas líneas, las anoto “ahora que hay que vivir muriendo de amor porque nunca te encuentro”.

Y observo todo ahí, un territorio de escritura, unas relaciones de fuerza que allí suceden y que Karina circunscribe. Es la gran cazadora en un territorio de sobresaltos. A cada paso, lo que era calma puede transformarse en vendaval, lo que era apariencia de tranquilidad puede volverse su reverso y estallar en mil pedazos. La cazadora va a capturar ahí en esa materia amorosa unas ciertas palabras, unos ciertos gestos, antes de que ellos entren en la inestabilidad.

“Volver a la palabra/ y que ésta vuelva a mi/a ver si me dice algo/y esta vez puedo escuchar”.

Enciende los ojos y los oídos. Se adentra para escuchar. Lo traduce en palabras. Por eso leemos este libro con ondulaciones musicales, vaivenes, saltos, silencios, el fluir que obliga a cambiar de tonos, de repente llegas a una línea y te dan ganas de gritar los versos a viva voz; otras veces, a susurrarlos.

Es un libro sensorial. Porque esta materia amorosa que Karina nos trae, involucra el cuerpo del lector. Te propone una experiencia. Te ata, como los caballos de la calesita que suben y bajan mientras gira el eje en el sentido de las agujas del reloj. Entonces hay dos movimientos en uno. Te ato, vos pasas por los vaivenes, subis y bajas, y a la vuelta de este giro que dura la lectura del libro, te suelta.

Me gusta este gesto de Karina. El gesto amoroso de reunir aquello que per se es muy díscolo al lenguaje. Escurridizo. Inaprehensible. Inquieto. Y hasta vergonzozo. El gesto amoroso de brindarnos esta experiencia poética.

Irremediablemente, -en el amor nada tiene remedio-esta el Otro. Irreversible como el amor cuando sucede y cuando es, es la presencia del Otro, que siempre es materia herida y materia que hiere. Como si el lenguaje fuera un estabilizador de la alta tensión que sucede entre dos, pudiera ser casi el único elemento que nos permite achicar el pavor del amor y del desamor, en todo lo inumerable, frágil e inestable de la materia amorosa. Materia que por cierto tiene la cualidad de deshacerse (y deshacerte) en pedazos.

Cuando termine de leer el libro Amor atada, fui a buscar ayuda a la biblioteca. Tropecé con un libro que no abría hace muchos años, “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes. Y allí leo:

“Saber que no se escribe para el otro, saber que esas cosas que voy a escribir no me harán jamás amar por quien amo, saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente “ahí donde no estas”: tal es el comienzo de la escritura”.

Me queda resonando “la escritura es precisamente ahí donde no estás vos (el ser amado)”.

Ahhhhh. Digo. Ahhh Roland. Ahhh

Bueno, voy a emperrarme. Todas las mujeres que escribimos somos adictas al amor. Ahhh Roland, te digo los versos de Karina:

“ahora/muramos/muramos ya/para que el yo no exista y separe/no se puede decir/ solo sentir eso está/allá/vamos”

“muramos enamorados”

Ahí entendí que enamorada era casi lo mismo que amoratada pero en su versión más amarilla, vibrante.

Julia Magistratti

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