Alicia Genovese en Lo único que se puede decir es un ritmo * 6/11


Alicia Genovese

Poemas de La línea del desierto
Amplitud térmica

Lejos de casa, sin auto

en una ruta de road movie

espero

a la sombra escasa de una acacia

con espinas enormes adaptadas,

espero

al único ómnibus

que puede trasladarme,

cargarme entre alientos pesados

y butacas pringosas que agradeceré.

Adaptada espero

como esa plantita del desierto,

que por ahorrar energía

no produce hojas,

se basta con los tallos para proteger

su reserva húmeda del aire hostil.

La hostilidad en esta

amplitud térmica

que calcina o congela.

Todo lo que viene se va

todo lo que comienza se destruye.

Ninguna constancia en el afuera,

ninguna paciente regularidad,

pero ahí estaba ella en su verde

a la hora de más sol.

Nada dispendioso

todo a cuentagotas.

Con sus reacciones

de sobreviviente, me entiendo

y su carencia me deshabita

y su gota es limpia en medio del polvo.

Con la espina de su verde

me alejo del desierto.

Todo lo que viene se va

todo lo que empieza se deshace.

El ómnibus ya se bambolea

por la curva de la ruta que lo trae,

retrasado desarma

lentamente

la neblina de arena.

Cuando deshaga la mochila

estaré lista

para la amplitud.

 

 

 

La casualidad
Si se tira de la hebra

de la casualidad

hay una mariposa

de corazón azul

que descansa abierta

sobre el jazmín,

hay una esponja del arrecife

de coral en la arena de la orilla,

hay un abrazo repentino

que tironea de vos

hacia la noche,

hay un viaje.

En la hebra de la casualidad

están tus ojos,

sin ellos podría no ocurrir

sin ellos podría el afuera

reducirse a un desierto.

Pero hay un cambio de suerte

a cada parpadeo,

un destello,

un cuerno de la abundancia

y también lo opuesto

a la felicidad.

En la hebra del azar

hay una melodía que fue tuya

resonando en esos

oídos adolescentes;

lo que se enlaza cambiante

y contiguo vive,

lo que viene,

lo que se deja venir

aun cuando peleabas por abandonarlo

aun cuando parecía impropio

o inimaginable;

pero también,

está su huida.

En la hebra de la casualidad,

el lado B de lo planeado.

Por casualidad caés

de tu compostura bípeda,

por casualidad una caricia

te vuelve analfabeta,

tan airada y sin embargo,

carente de equilibrio.

Cuánto es fuerza y cuánto

calmo devenir

cuánto velocidad y cuánto

dilación, reposo para dar lugar

a lo otro inesperado.

Confío en la casualidad;

me trae del mundo

misteriosos encuentros

y de mí, raras noticias.

Me interroga cuando

no quiero contestar,

me empuja cuando me envuelve

la oruga del letargo.

En ella me muevo

sin saber

y me sorprendo;

yo también soy

una casualidad.

 

 

Alicia Genovese, nació en Buenos Aires, es poeta y ensayista. Publicó los libros de poesía: El cielo posible (1977), El mundo encima (1982), Anónima (1992), El borde es un río (1997), Puentes (2000), Química diurna (2004), La hybris (2007), Aguas (2013) y La contingencia (2015). La antología bilingüe La ville des Pontes/ La ciudad de los puentes (Québec, 2001) y la antología personal El río anterior (2014). Es autora de los libros de ensayo: La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas (1998 y 2015) y Leer poesía. Lo leve lo grave lo opaco (2011).

Obtuvo en poesía la Beca Guggenheim (2002). Recibió el Premio Internacional de poesía Sor Juana Inés de la Cruz en 2014 y el Premio Municipal de ensayo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2016. Actualmente es titular del Taller de Poesía I en la Universidad Nacional de las Artes.

Es Profesora en Letras, egresada de la Universidad de Buenos Aires. Vivió varios años en EEUU donde se doctoró, en la Universidad de Florida.

 

 

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