Carolina Urbano Guzmán en Lo único que se puede decir es un ritmo


 

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Cuando el amor se va
los días son noches perceptibles al tacto
la mentira también se esconde en un trébol de cuatro hojas.

La actriz debe decir “basta”
¿qué ha de hacer?
¿cómo representar tanta tristeza?

La actriz se hace una trenza
con su pelo imaginario.
En realidad es mediodía y canta en la cama
frente a un espejo.

La escena la agota
como la noche a la estrella
el trébol que adorna su cabeza
se deshace por la espalda,
quisiera sacar de sus oídos
la misma tonada
que corea sin fin.

No es la melancolía de una tarde con olor a canela
es la invocación a la despedida
lo que revuelve la espesa bruma
el cansancio, el hastío;
la saturación de la presencia
que envejece lo querido.

La actriz sabe que el adiós
es igual a la tormenta seca
brama un dolor sobre la tierra
y deja al aire sin lágrimas.
15

Escucho los hombres que se aman
en el piso de arriba
imposible ignorarlos
los audífonos no aíslan
la curiosidad del voyeur
intento imaginar la escena
solo consigo retratos
de noche barata

Los he visto en el ascensor
con los ojos brillantes
y las marcas del sudor mal lavado
en los pliegues de la camisa

Los miro sin mirar
saben que los escucho
por eso muerden sus labios
sonríen y achinan los ojos.
Antes de salir del ascensor me dicen:
“que tengas un buen día”.

14
Sobre el viejo escenario
la actriz inicia una nueva obra
en cada acto intenta gritar, sacar la voz
movimientos nauseabundos llegan al público
no asoma sonido alguno de su boca
durante la función.
El teatro se rompe de aplausos
la actriz llora en su camerino
cómo le gustaría tener un público
para actuar de su alma
ella la soledad, ella el desamor, ella la pérdida
desgraciadita cursi
frente a la burla del espejo.

Pero su talento está en el engaño,
el paso que va del sentimiento a la estética
le impide manchar la belleza.
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Vamos al amor
a los amantes, a los amoríos, a los amados
a las citas a ciegas a los corazones rotos
a los clavos que quieren sacar otros clavos
al amor sin sexo, al sexo sin amor, al amor por el amor
vamos a la algarabía de las camas que rechinan
que se mecen o se parten, a los gritos que ofenden al vecino
vamos a los amores que prohíben las iglesias y los amorados
desamados de envidia.
Vamos todos a la felicidad del mordisco
al apego espontáneo de la piel a otra piel
al encuentro de esa pequeña masa lubricante que son los labios
o cualquier parte que te haga caer en el delirio
inconsciente
sordo
de la pasión.
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La habitación vacía
la inmensidad del desierto
el instante de la muerte
no es la soledad.

La soledad es
que te abalances sobre mi cuerpo
me acapares con tus brazos
y deslices tus labios del cuello hacia abajo
de las rodillas hacia arriba
donde la marea oculta su oleaje
y el cimbrar de la sangre
se revuelve con la arena efervescente
y no te desee.

Selección de poemas del libro La pipa del amor

Carolina Urbano Guzmán nació en Pasto (Colombia), 1974. Profesional en Filosofía y Letras por la Universidad de Caldas, Magíster en Filosofía por la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente adelanta estudios de Maestría en Literatura Española y Latinoamericana en la Universidad de Buenos Aires donde reside. Miembro del Comité Editorial de la Revista de Poesía Luna Nueva. Miembro del Grupo de Estudios sobre Colombia y América Latina GESCAL. Docente y correctora de estilo. Directora de la editorial Ojo de Poeta. Libros publicados: Cómo hablar de lo indecible con alguien imposible (2014) de microrrelatos y Los colores de van Gogh (2014), La pipa del amor (2016), de poesía.

 

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