La pipa del amor de Carolina Urbano


Sobre La pipa del amor de Carolina Urbano
Ojo de poeta, 2017.

Dos epígrafes encabezan el libro de Carolina Urbano, uno es de Alejandra Pizarnik y da el título: “el humo danzante de la pipa de mi amor”, y otro es el famoso soneto de Quevedo, “hielo abrasador, fuego helado”, en el que el autor busca retratar al amor y sus efectos, para concluir con esta presentación “éste es el niño Amor, éste es su abismo… el que en todo es contrario de sí mismo”. Dos autores, dos épocas tan distintas, dos mundos que abren una infinidad de posiciones, de estéticas, de cuestionamientos y representaciones sobre el amor. Pero lo que quiero resaltar es la coincidencia, un punto de intersección entre estas dos líneas que parecen tan alejadas: nada sabemos sobre el amor, ni siquiera cómo salir de su abismo, cómo dejarlo pasar u olvidarlo. Quevedo enfatiza esta perplejidad con el oxímoron y la antítesis, también le sirve la personalización en ese niño caprichoso, Cupido o Eros, quien dispara sus flechas sin ver (en muchas representaciones aparece con los ojos vendados). Hijo de Venus y Marte, lleva en sí el sello de sus padres, su belleza nunca será calma, su accionar jamás pasará desapercibido, y llevará a las tramas más condimentadas. Por su lado, Pizarnik en ese poema titulado “Más allá del olvido”, arriba al humo danzante de la pipa del amor luego de una enumeración en la que “vendrán” los que podrían ser los restos de una relación amorosa. Los “besos”, las “hojas”, las “mustias fragancias” y las “rojas alegrías” todo será fumado y convertido en humo. Quizás así sea posible olvidar, alcanzar la paz. También nos señala un rasgo inconstante o efímero, el humo asciende en el aire dibujando formas, ondulando, no sabemos qué dicen esos dibujos, solo que suceden luego del arder, algo quema y se hace humo. Baile caprichoso, hipnótico, no podemos sacarle los ojos de encima pero tampoco descifrarlo.
Si me adentro en estos epígrafes es porque me abrieron con elegancia y sabiduría el libro de Carolina. Me guiaron en los ejes que estos poemas van recorriendo con algunas claves como puntos de partida: contra sí mismo, incomprensible e incomprendido, intenso en todas sus sensaciones, nos arroja impiadosamente a los extremos, y como dice Pizarnik, nos deja “más allá del olvido”. Tan inescrutable y misterioso que la poesía no puede más que perseguirlo, aún cuando sabemos que con tanta agua que ha corrido, y corre, bajo el puente, los peligros abundan. El cliché y lo cursi son plaga, la falta de gracia o lucidez nos acecha.
De todas maneras, Carolina lo intenta, y lo hace hermosamente. La escritura es una forma de ordenar aquello que no tiene orden. Lo real sucede, es múltiple, infinito. Pero la escritura, con su sucesión de palabras, pone nombre, y a un costado de la vida, como si la mirara pasar a través de un vidrio, construye algo, elige un punto de vista, traza sus sintagmas, convoca a las constelaciones y despliega sus sentidos. En este libro todo esto se encuentra en primer plano desde su estructura, desde cómo está armado. Entonces la escritura arremete una vez más contra el caos del amor.
Los poemas se hallan ordenados por números, interrumpidos por tres “cortinas” (así se denominan aquí los poemas visuales, hechos de letras que caen verticales en la página y suenan). En el cierre, como último texto, hallamos un caligrama que SUTURA, ésa es la palabra dibujada, que gira sobre sí misma, como si todo este viaje pudiera terminar mostrando una línea, la de la sutura, resto de una herida, de un desgarro, a la vez que testimonio de su juntura, su sanación y cierre. La cicatriz, sin embargo, aflorará y quedará en nuestra piel, porque “El olvido –dicen algunos- no existe, / ahí está el truco y la verdad / olvidar es como amar / son tan incompletos en su finitud / nunca hay tiempo suficiente para querer / ni ha pasado suficiente tiempo para olvidar”.
En los poemas el amor se vistiendo de distintos modos. Está la gran vestimenta, aquellos poemas que repasan los momentos fundamentales del Amor con mayúscula, su confusión y su alegría, su pérdida y su éxtasis, lo inevitable del círculo amoroso (amor, desamor, amor otra vez) y que suelen terminar en un verso que ilumina, como el 17

Amar siempre amar
Porque no es útil, porque no deja renta,
(…)
es ominipresente, omnisapiente
y eterno
como Dios
pero sin miedo.

Están los poemas más narrativos, los de ropa más casual, jeans y remera, pero también ropa interior o cuerpo al desnudo, que cuentan una historia en primera persona y trazan en pocos versos una escena completa, con todo su tiempo pasado hasta el momento en el que se detiene.

9
Ahora que por fin digo “te quiero”, te preguntas por qué.
Pienso en la pregunta socrática, en las respuestas de los niños y también en Freud.
Yo supongo que amar en una ráfaga de viento que se esparce por la mejilla
hasta adormecer los huesos.

24
Peleamos por un poco de limpieza y nos untamos hasta desfallecer.
Poco a poco
el aliento vuelve a tomar el curso de la vida
y nuestros cuerpos inconscientes repiten la ilusión.

También una serie de poemas dispersos entre los anteriores que tienen como protagonista a una actriz que ha quedado sola en el escenario. Son los poemas de la máscara y el disfraz, son los poemas del desamor. Dice: “La actriz debe decir “basta” / ¿qué ha de hacer? / ¿cómo representar tanta tristeza?”. Ha quedado desorientada, realizando movimientos repetitivos e imaginarios en un viejo teatro. Intenta “gritar, sacar la voz”, pero es en vano. ¿Cómo decir el dolor? Ésta es la pregunta de la escritura.
En la figura de la actriz vemos lo que se oculta y se muestra a la vez. En esa voz que no sale, en ese silencio de la representación, se inscribe el poema. Contra todo lo dicho, lo sentido y representado. Contra la literatura, porque lo más cierto es: no sabemos nada del amor. Aún hoy, ahora, en este instante, después de leer este libro, no sabremos nada del amor. Y sin embargo, aparece una mímica, asoma un gesto, que la palabra poética va hilando en el tejido del personaje actriz-escritora-mujer, para intentar decir aquello que no se puede. Cierro con un fragmento del primer poema del libro:

Me dicen:
-Vale la pena el amor,
es fuente y brisa
es el engaño abrazador
teatro y desnudez
carnaval, máscara, redención y rito.
El gran desertor que huye de lo seguro
Con el temor del villano
Con la valentía del vencido-.
Y les creo.

 

 

Karina Macció.

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