Un libro, infinitos viajes * Karina Macció 3


Un libro, infinitos viajes

Sobre Viajera y hacer libros

En cada libro nuevo de Viajera Editorial se afirma una propuesta: el libro como un portal a otro mundo, el libro como un mar donde sumergirnos y nos dejamos llevar, el libro como aventura íntima, subjetiva y también social. El libro como un objeto mágico, porque ya sabemos, no se trata solo de hojas encuadernadas, de una linda tapa y un llamativo color. No, para nada. Ésa es solo una parte, como en un cuerpo, quizás un exterior llamativo que seduzca y convoque al lector. Claro que eso deseamos. De ahí el afán en el cuidado que le dedicamos a cada parte del armado del libro, la búsqueda del color y la combinación que mejor le siente, que su papel sea delicado y la tipografía clara, invitante. Que cada letra esté en su lugar y brille.

Armar un libro en su parte material es para mí como construir un castillo. No sé nada de arquitectura, sólo me gusta mirar y soñar en ella, pero imagino las complicaciones, el trabajo en conjunto, la sintonía que hay que lograr para que ese proceso tan largo llegue a levantarse desde la tierra hacia el cielo. Quizás estén extrañados o piensan que exagero, hacer un libro no puede ser tan difícil. Bueno, la cuestión está en qué creemos que es un libro. Por eso vuelvo al objeto mágico. El libro tiene una parte de quien lo escribió. Algo se juega en esa dedicación de tiempo fuera del tiempo (¿quién cuenta las horas en las que fugamos del mundo escribiendo, corrigiendo, releyendo?), algo se plasma más allá de la palabra en las palabras entrelazadas, en esas cadenas entramadas por el autor con su valija de sensaciones, emociones, ideas, experiencias, historias. Algo cobra peso por sí mismo.

¿Qué es? No puedo definirlo (la magia tiene ese poder, se escabulle siempre, se da y desaparece) pero sí puedo verlo. Es lo que pasa cuando estás leyendo y empezás a charlar con vos mismo. Y hacés acotaciones, te reís, decís Sí, sí, sí, esto, esto me pasó, esto es así, no puedo creer que lo esté leyendo, que me estén viendo. Cuando un libro logra eso, empiezo a leerme, a descubrirme gracias a otro, el escritor.

Es lo que pasa cuando no querés que un libro se acabe y lo llevás a todas partes, lo vas marcando, anotando, le doblás los bordes y las páginas, lo inscribís, lo re-escribís, le vas poniendo tu sello. Lo vas guardando en tu memoria-corazón. Eso es lo que pasa cuando te enamorás. No tengo otra cosa con la que compararlo. Y ahí empieza el viaje, abrís la puerta y empezás a deslizarte y ya no te acordás quién sos pero sos mucho más que antes, te vas expandiendo, vas sintiendo y conociendo otros paisajes, otros matices, te hacés más sutil. Podés ser miles, paladear otros gustos, otras vidas.

Por eso me gusta hacer libros. Me fascina formar parte de este viaje antes del viaje, vivir el reverso de la apertura del portal, ir comprendiendo, sintiendo, cómo se traman estos recorridos tan distintos y sabrosos. Viajera se enamora y se compromete con sus libros para que a ustedes les pase lo mismo. Sólo hay que animarse, como con los grandes amores. ¡Deseamos viajar sin vapor y sin velas!, dice Baudelaire en el poema El viaje. Para eso, simplemente necesitamos libros.

Karina Macció. Leído en la presentación de La meta de Gregorio y Sonomama, 11 de noviembre de 2012.


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3 Comentarios en “Un libro, infinitos viajes * Karina Macció

  • Beatriz Dieguez

    El libro ha sido un compañero constante a lo largo de toda mi vida. Y será mi deuda pendiente al final de la vida porque NO teniendo varias sería posible leer todo lo que uno hubiese querido. Los aportes de Viajera a la literatura deben ser además de un placer personal un aporte a la batalla cultural que no debemos perder para no fracasar .