¿Qué hay en el fondo del mar? * Karina Macció


¿Qué hay en el fondo del mar?

Ese territorio aún inaccesible, cuando hoy el mundo se halla tan descubierto, tan expuesto, tan escarbado.

¿Qué hay en el fondo del mar?

Es una pregunta que nos viene de la infancia, vislumbro tesoros, piratas, grandes buques, baúles llenos de monedas de oro que destellan, perlas irisadas, joyas, fragmentos de vasijas , trozos de mapas ilegibles que se deshacen al más mínimo contacto.

En el fondo del mar, el secreto, aquello que permanece inmerso en el misterio. El silencio que no imaginamos porque es tan profundo, tan oceánico que nos impone otro ritmo, un movimiento en cámara lenta que nos obliga a deslizarnos, a notar que el cuerpo se mueve, que nos requiere, que somos ese cuerpo paradójicamente sin peso, que flota en la masa acuosa. Imposible no arribar (como abandonados en una playa) al primer hogar que ya no recordamos, pero que intuimos cada vez que nos sumergimos. Allí íbamos apareciendo, en el agua, tan de a poco, que resulta increíble el primer movimiento, la aparición de una uña, un pelo, la terminación de las pestañas, un latido incansable, galopante. Y con esa aparición, comienza, de nuevo, todo el universo.

Cuando miro la tapa del libro de Sofía, no puedo evitar pensar qué parecido es el fondo del mar al espacio exterior. Cómo relumbra la arena alcanzada por apenas unas hendijas de luz, cómo alumbra la noche estrellada, cómo nos deja entrever un más allá que, sin embargo, permanece secreto y sobre todo, latente.

¿Qué hay en el fondo del mar? Las preguntas más bellas son las que primero parecen obvias y luego nos desconciertan, nos revelan que lo que podemos decir, aunque parecía tan asequible, se va volviendo finísimo, invisible, entramado con una delicadeza compleja, propia de lo que no es la lengua. De todas maneras, nos sumergimos. Vamos tras el tesoro, o su promesa lejana o algo que ni siquiera sabemos nombrar. ¿Qué sentimos cuando nos zambullimos? ¿Por qué nos gusta tanto? Nos arrojamos al agua, al mar, al océano que no divisa límites más que esa raya llamada horizonte. Nos arriesgamos a buscar qué hay en el fondo del mar. Sofía Ciravegna emprende esta aventura sin guardarse nada. El cuerpo dispuesto, la sensibilidad a flor de piel. Escuchar el silencio de la inmersión. Desde ahí, soñar la ola, desplegarla en el papel, recrear lo efímero de la espuma, el sonido del viento. Palabras perlas, palabras caracoles, palabras piedras, palabras musgos. Nos deslizamos en los versos dibujados en la página, líneas que se mueven, cambian el ritmo, nos cuestionan, sí, desde un yo que busca, nos preguntamos, ¿y lo otro? ¿Qué es? Cómo nadamos en aguas que no podemos predecir: el amor, es lo otro? Inesperado.

¿Es ese el tesoro en el fondo del mar? El deseo: nos sumergimos y salimos. Tomamos aire. El mundo es otro, es nuevo. Volvemos a empezar. Este libro tiene tanto mar como aire, ese espacio que llamé exterior y que a la vez, es necesariamente interno, propio hasta la médula, un estilo. Vuelvo a la imagen de tapa: Sumergida vuela o flota, repleta de luz. Es el cielo? Es la arena? Estoy intrigada. Así empiezan las lecturas prometedoras, aquellas en las que no quiero soltar el libro, en las que lo llevo como amuleto que abre puertas desconocidas.

Las exquisitas ilustraciones de Gonzalo Zarba me dan además el gusto de otra historia, de la palabra a la imagen, cuánto por inventar! Sofía armó este libro como un tesoro, y esta presentación como una muestra, un espiar maravilloso del libro que desea ser abierto.

¿Qué hay en el fondo del mar?

No lo sabemos, pero la poesía de Sofía Ciravegna nos invita a sumergirnos y en esa invitación, ahí mismo, resplandecen las palabras que nos dicen, tan suave al oído, un secreto guardado solo para nosotros.

 

 

Karina Macció para la presentación de Sumergida de Sofía Ciravegna, en el Taller de Omar, 26 de octubre de 2018.

 

 

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *