Sobre Me deja dicha * por Javier Pizarro


Hoy, en la hermosa presentación de “Me deja dicha”, tuve la oportunidad de contar mi experiencia como lector. Les comparto lo que escribí para la presentación:

Asistí a la presentación que se hizo de Me deja dicha hace un par de meses (17 de septiembre en Pista Urbana). Llegué como se llega normalmente a este tipo de presentaciones, o al menos como suelo llegar yo: sin tener la más mínima idea con lo que podría encontrarme.

Una vez que se dió comienzo a la misma, recuerdo sentirme impactado con algunos datos:
– este es un libro escrito a partir de una profunda lectura que hizo Alicia de “La anunciación a María” de Paule Claudele. En mi libre juego asociaciones relacioné Paule Claudele con Charles de Gaulle. El aeropuerto de París. Y pensé que esto era lo más cercano que estaba de la literatura francesa.

Mientras tanto seguían corriendo elogios sobre el gran trabajo que había hecho Alicia trayendo el libro de “La anunciación…” a sus palabras para llevarlas a sus textos.

Les mentiría si les dijera que toda esta información no me intimidó un poco. Me imaginaba leyendo el libro de Alicia con media docena de libros al lado para sentir que no me perdía de nada o que podría entenderlo.

Así y todo, una vez finalizada la presentación me acerqué al puesto de venta y compré mi ejemplar de “Me deja Dicha”.

Dos días después tuve una reunión en Parque Patricios. Generalmente salgo desde Urquiza. Los que tienen el mapa de la capital en la cabeza pueden darse cuenta de lo afortunado que soy por tener todo ese tiempo de viaje disponible para reflexionar sobre mis cuestiones existenciales (las mías y las de algún acompañante también). Al ser la reunión a media mañana, el transporte público se vuelve más humanizado y hasta se puede conseguir un lugar para viajar sentado. Siempre cargo algunos libros en mi mochila por si tengo que esperar por alguien o si tengo la suerte de viajar con cierta comodidad. Así fue como una vez sentado, me dispuse a revisar qué tenía. Meto la mano en mi mochila y me encuentro con el libro de Alicia. Entonces, me despojé de mis prejuicios y comencé a leerlo.

Fue gratificante darme cuenta de que no necesitaba ningún material de apoyo para avanzar con su lectura.
Pero más allá del sentimiento de superación, de pronto me sentí invadido por imágenes de este tipo:

dame más
verde claro
grandes ventanales
donde las palabras se calmen
no definan
difuminen la figura
de contorno duro
con tiempo de cincelado

….
en este fin de la noche
se oyen los trigales altos
el aire que curva las espigas
como largas olas de viento amarillo
pan, cera y vino
tu tiempo
debe haber sido violeta
estable bajo la luz de tu color
nació de moluscos
humildes como telas teñidas
sobre hilos mojados con agua de mar

….
yo
papel rozado
basta raspar un poco
me espolvoreen tus palabras
para dejarme dicha
como carta antigua
dedicada
yo lleve tu perfume
por entre mares
único relato
de dos para decir
que la vida nos llegó
y nos sobra
por todos lados

Imágenes visuales como estas, repletas de colores me hicieron parecer que las hojas del libro se teñían de amarillo, verde, celeste o violeta.
También aparecieron las otras imágenes, las que nos hablan de olores, de sonidos (como el canto de la alondra ), imágenes que hablan de temperaturas, de texturas.
Y a medida que me soltaba y me entregaba en la lectura, algo me pasaba con todo esto que me llegaba desde el libro.

Generalmente al leer o escuchar palabras que están asociadas a objetos, colores o formas sucede que primero tenemos la palabra que llega a través de nuestros sentidos para ser procesadas por el cerebro quien la asocia a una imagen conocida. Ahí se genera el vínculo que nos ayuda a entender el concepto que ingresa desde el mundo exterior. Para mi sorpresa, me encontré leyendo este libro y sintiendo que las imágenes que me entregaba hacían un camino distinto. Primero tuve la sensación, los sentimientos, la composición del momento y luego intervino el cerebro trayéndome imágenes para dar explicación a lo que me estaba sucediendo. Cómo puede ser eso posible? Porque Alicia logró escribir en una frecuencia en donde las palabras resuenan desde nuestro interior. Sus versos, su composición tienen la magia en donde lo exterior se queda a la espera de que nuestras emociones salgan a buscarlos para poder ser explicadas, para poder ser tomadas por nuestro racional.

Ahora bien, cuando alguien tiene esa calidad y esa calidez de escritura, cuando tenemos la fortuna de encontrarlo y de entregarnos de lleno al disfrute de sus palabras, nuestros pies, nuestras existencias se despegan del suelo. Ya no somos seres terrenales, somos almas vibrantes, colgadas de una emocionalidad guiada y construída a través de estas palabras. Es como cuando escuchamos música y cerramos los ojos para dejarnos llevar; acá sucede lo mismo y dejamos de escuchar lo que viene de afuera para escuchar lo que nos llega desde adentro.

Alicia logra con “Me deja dicha”, que sus palabras lleguen desde adentro porque es desde donde ella escribe, tal y como lo confiesa cuando nos dice:

la dicha de lo dicho
sucede
cuando me sale del alma

muchas gracias

 

 

Javier Pizarro, sobre la presentación de Me deja dicha de Alicia Saliva en Eseade el 29 de noviembre de 2018.

 

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