Nunca se desanda el camino * Aníbal Ilguisonis


 

 

I

Nunca se desanda el camino, enseña la travesía.

II

Desandar es un modo del andar.

III

El hombre es como la luna, enseña el budismo esotérico. Tiene múltiples caras. Múltiples estados. Por eso, las calles del cementerio que conducen al gran templo donde medita desde el año 835 el Kobo Daishi, están iluminadas con hermosos faros cada uno de los cuales tiene labrado las cuatro fases de la luna, que ilustra los estados de ánimo del hombre a lo largo del camino.

IV

El malhumor, el enojo. Esa forma caída de la existencia.

V

La belleza de lo que se muestra y esconde, lo que se devela para volverse a velar.

VI

En Koyasan aprendimos que para meditar los ojos tienen que estar en la posición del Buda. Ni abiertos ni cerrados, sino entrecerrados. Los ojos abiertos dispersan, fijan la mirada en la exterioridad. Los ojos cerrados conducen a una pura interioridad, a una exaltación del pensamiento que solo se disipa en el dormir. Los ojos entrecerrados, en cambio, permiten liberar al cuerpo de todo pensamiento. No hay adentro y afuera en el territorio de la luz.

VII

Al regresar siempre creo que no soy el mismo. Aunque lo sea.

VIII

Qué es lo mismo? Lo mismo no es.

IX

A veces siento que mis días son como las fases de la luna. Cada día un calendario lunar.

Aníbal Ilguisonis, El tiempo de la flor.

Viajera, 2019.

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