El Guardador de Rebaños * Fernando Pessoa Trad: Graciela Volco 5


 

 

Palabras del Pórtico*
Antiguos navegantes portugueses tenían esta frase gloriosa: “Navegar é preciso; viver não é preciso”
Quiero para mí el espíritu de esta frase transformada de manera que se vincule con lo que yo soy: vivir no es necesario, lo imprescindible es crear.
No espero gozar mi vida ni en gozarla pienso, solo deseo tornarla grande, aunque para eso tengan que ser mi cuerpo y mi alma la leña de ese fuego. Sólo quiero dedicarla a toda la humanidad, aunque para eso tenga que perderla como mía.
Cada vez más pienso así. Cada vez más pongo en la esencia anímica de mi sangre el propósito impersonal de engrandecer la patria y contribuir para la evolución de la humanidad.
Es la forma que en mí tomó el misticismo de nuestra identidad.

*Nota suelta, no firmada por Fernando Pessoa


El Guardador de Rebaños
(1911-1912)
Fernando Pessoa
Traducción: Graciela Volco

VIII
En un mediodía de fin de primavera
Tuve un sueño como una fotografía.
Vi a Jesucristo bajar a la tierra.
Vino por la ladera de un monte
Siendo otra vez niño,
A correr y a revolcarse por la hierba
Y a arrancar flores para dejarlas luego
Y a reírse de modo que lo escuchen de lejos.

Había huido del cielo.
Era demasiado nuestro para fingirse
La segunda persona de la Trinidad.
En el cielo era todo falso, todo en desacuerdo
Con flores y árboles y piedras.
En el cielo había que estar siempre serio
Y de vez en cuando tornarse otra vez hombre
Subir a la cruz y estar siempre muriendo
Con una corona rodeada de espinas
Los pies atravesados por un clavo con cabeza,
Y hasta con un trapo alrededor de la cintura
Como usan los negros en las ilustraciones.
Ni siquiera lo dejaban tener padre y madre
Como los otros niños.
Su padre era dos personas:
Un viejo llamado José, que era carpintero.
Y que no era su padre;
Y el otro era una paloma estúpida,
La única paloma fea del mundo
Porque no era del mundo ni era paloma.
Y su madre no había amado antes de tenerlo.
No era mujer: era una valija
Que lo había traído del cielo.
¡Y querían que él, que sólo naciera de una madre,
Y que nunca tuvo un padre para amar con respeto,
Predicase la bondad y la justicia!

Un día que Dios estaba durmiendo
Y el Espíritu Santo andaba volando,
Él fue a la caja de los milagros y robó tres.
Con el primero hizo que nadie supiera que había huido.
Con el segundo se hizo eternamente humano y niño
Con el tercero creó un Cristo eternamente en la cruz
Y lo dejó clavado en la cruz qué hay en el cielo
Y sirve de modelo a las otras.
Después huyó hacia el sol
Y descendió por el primer rayo que encontró.
Hoy vive en mi aldea conmigo.
Es un niño de risa bonita y natural.
Se limpia la nariz con el brazo derecho,
Chapotea en los charcos de agua,
Recoge flores, las disfruta y después las olvida.
Le tira piedras a los burros,
Roba frutas de las plantaciones
Huye de los perros gritando y llorando
Y, porque sabe que a ellas no les gusta
Y que a todos les causa gracia,
Corre atrás de las muchachas
Que van en grupos por los caminos
Con tinas de agua en las cabezas
Y les levanta las polleras.

A mí me enseñó todo.
Me enseñó a mirar las cosas
Me señala todas las cosas que hay en las flores.
Me muestra cómo son graciosas las piedras
Cuando uno las tiene en la mano
Y las observa lentamente.

Me habla muy mal de Dios.
Dice que es un viejo estúpido y enfermo,
Siempre escupiendo en el suelo
Y diciendo indecencias.
La Virgen María pasa las tardes de la eternidad tejiendo medias.
Y el Espíritu Santo se rasca con el pico
Se acomoda en las sillas y las ensucia.
Todo en el cielo es estúpido como la Iglesia Católica.
Me dice que Dios no percibe nada de las cosas que creó –
“Si es que él las creó, cosa que dudo”—
“Él dice, por ejemplo, que los seres cantan su gloria,
Pero los seres no cantan nada.
Si cantasen serian cantantes.
Los seres existen y nada más,
Y por eso se llaman seres”.
Y después, cansado de hablar mal de Dios,
El Niño Jesús se adormece
Y yo lo llevo en brazos para casa.

…………………………………………………………………………………………………

Él vive conmigo en mi casa en medio de la colina.
Él es el Niño Eterno, el dios que faltaba.
Él es lo humano que es natural,
Él es lo divino que sonríe y juega.
Y por eso es que yo sé con toda certeza
Que él es el Niño Jesús verdadero.

Y el niño tan humano que es divino
Es esta mi vida cotidiana de poeta,
Y es porque él está siempre conmigo que yo soy poeta siempre.
Y que mi más mínima mirada
Me llena de sensaciones,
Y el más mínimo sonido, sea de lo que fuere,
Parece hablar conmigo.

El Niño Nuevo que habita donde vivo
Me da una mano a mí
Y la otra a todo lo que existe
Y así vamos los tres por el camino venidero,
Saltando y cantando y riendo
Y gozando de nuestro secreto común
Que es el de saber que en todas partes
No hay misterio en el mundo
Y que todo vale la pena.
El Niño Eterno me acompaña siempre.
La dirección de mi mirada es lo que apunta su dedo.
Mi oído alegremente atento a todos los sonidos
Son las cosquillas que él, jugando, me hace en las orejas.

Nos llevamos tan bien el uno con el otro
En compañía de todo
Que nunca pensamos el uno en el otro,
Pero vivimos juntos los dos
En un acuerdo íntimo
Como la mano derecha con la izquierda.

Al anochecer jugamos a las cinco piedritas
En el escalón de la puerta de casa,
Graves como corresponde a un dios y a un poeta,
Y como si cada piedra
Fuese todo un universo
Y fuera por ello un gran peligro para ella
Dejarla caer al suelo.

Después yo le cuento historias de las cosas de los hombres
Y él sonríe, porque todo es increíble.
Se ríe de los reyes y de los que no son reyes,
Y siente pena al oír hablar de las guerras,
De los negociados y de los navíos
Que esparcen humo en el aire de altamar.
Porque él sabe que todo eso falta a aquella verdad
Que una flor tiene al florecer
Y que está en la luz del sol
Pintando los montes y los valles
Y haciendo doler los ojos por la claridad de los muros.

Después él se adormece y yo lo acuesto
Lo llevo en brazos para dentro de casa
Y lo acuesto, desanudándolo lentamente
Como siguiendo un ritual muy limpio
Y materno hasta que se queda desnudo.

Él duerme dentro de mi alma
Y a veces despierta de noche
Y juega con mis sueños.
Los da vuelta patas para arriba,
Pone unos encima de los otros
Y aplaude solo
Sonriéndole a mi sueño.
…………………………………………………………………………………………………

Cuando yo muera, hijito,
Que sea yo el niño, el más pequeño.
Alzame vos en brazos
Y llevame dentro de tu casa.
Desvestí mi ser cansado y humano
Y acostarme en tu cama
Contame historias, si despierto,
Para volverme a adormecer.
Y dame sueños tuyos para que yo juegue
Hasta que nazca algún día
Que vos sabés cuál es.
…………………………………………………………………………………………………….

Ésta es la historia de mi Niño Jesús.
¿Por qué razón que se peciba
No ha de ser ella más verdadera
Que todo lo que los filósofos piensan
Y todo lo que las religiones enseñan?

 

 

 

 

 

Graciela Volco

Nací en la ciudad de Buenos Aires en 1954. Cursé la primaria y la secundaria en escuelas públicas y la carrera de derecho en la UBA y cuando estaba cursando las últimas materias y militando en la juventud peronista, el golpe de estado cívico militar hizo que tuviera que exiliarme en Brasil, donde estudié letras en la UFF, Universidad Federal Fluminense, y me recibí de profesora de portugués. En los 80 volví a la Argentina donde ejerzo la docencia, traduzco, escribo y sigo militando.


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