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ranamadre
Nadina Tauhil, 2011
ISBN: 978-987-26325-7-1
120 p.
$50

¿Qué es una madre sin sus hijos? Destinada a la extinción, es un poeta sin palabras, un artista sin inspiración, una mujer ahuecada, sin útero. Si una mujer se define por su maternidad biológica, la construcción identitaria femenina se origina en un rechazo. Todos los héroes deben atravesar un momento de negación del Hado cuando se preguntan por qué ellos han sido elegidos para tamaña empresa. En este libro, el cuerpo de muñeca barbie pasa a ser una especie de mamushka devoradora de sangre, donde se lee una mirada crítica sobre ser madre como un requisito de pertenencia a la sociedad y a la familia. El pasaje que conduce a la adultez se vive como una condena impuesta. Se trata de la negación que sufre la heroína en el camino hasta aceptar que forma parte de una cadena, que ella misma es otro eslabón, línea que continúa, que no se extingue: “ahora me toca a mí/ un antes de mí-después/ de mí/ dando luz al mundo/ pariendo con dolor/ no hay otra forma/ no hay”.

 

Nadina Tauhil crea la ranamadre, y con ella abre un espacio poético para que nos sumerjamos en un nuevo mito y volvamos a pensar la maternidad y lo femenino.

Virginia Janza

Léame
Nicolás Di Candia, 2011
ISBN: 978-987-26325-6-4
128 p.
$60

Nicolás Di Candia pregunta provocativamente: ¿por qué no? Con una fórmula infalible, probablemente descubierta por Hollywood, plantea secuencias de orden-desorden, y vuelta a un “orden” que ya no es el mismo. En este viaje a través de submundos literarios fantásticos, papers científicos y crónicas pseudoperiodísticas, los personajes recorren –como recorre el mismo autor a través de todo el libro–, los límites del saber y del poder.

 

Las reescrituras de Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas y del Extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde, y en general todo el humor de Léame, tiene una estrecha relación con la literatura de Maslíah, la música de Les Luthiers, el humor de Monty Python, Larry David, Jerry Seinfeld y hasta Landrú. Este extraño conglomerado de intertextualidades e influencias se suman a las referencias a Julio Verne, la literatura infantil clásica y el cine.

[El doctor Frankenstein] bajó el switch. Varios rayos atravesaron la mesa de trabajo. Un ruido ensordecedor recorrió el enorme sótano antes de que se cubriera de humo. Cuando las partículas se disiparon, Domingo Faustino Sarmiento levantó el torso, arrancó las trabas metálicas que lo ataban a ella y escapó hacia la noche lluviosa.

Nos enfrentamos a textos donde no sólo pueden convivir seres extravagantes o fantásticos en situaciones grotescas, sino que la incuestionable lógica argumentativa eleva el nivel de la ocurrencia y la vuelve posibilidad factible, real.

Virginia Janza

cuerpoadentro
Belara Michán, 2011
ISBN: 978-987-26325-5-7
111 p.
$50

Una naturaleza muerta es antes que nada, un oxímoron, un artificio. Si es natural y está muerto, es cadáver, un objeto presto a descomponerse hasta su desaparición. Ejemplos raros son las flores y las frutas: aunque una vez arrancadas, tienen fecha cierta de deceso, pueden ser condensación de belleza, frescura, perfume. Y aún más, de amor y tentación. ¿Somos como las flores o las frutas, o llevamos nuestro cuerpo como una naturaleza muerta? ¿Nos vestimos de vida, de una cierta piel coloreada, estirada, reparada, y por dentro estamos muertos, pasados, putrefactos? ¿Qué hay adentro del cuerpo? (del alma, no existen señales). Este libro nos habla de otros cuerpos que se guardan y se llevan. Cuerpo niño, cuerpo sexual, cuerpo familiar, cuerpo vegetal, cuerpo astillado. Como una cáscara, el vestido corporal va cayendo y aparece otra piel que tiene memoria de todo lo que nos ha sucedido. Los poemas buscan recuperar este cuerpo interno, a veces enterrado en la cabeza, saturado de lenguaje y estereotipos, anestesiado, inmóvil.

 

En ese cuadro de naturaleza muerta irrumpe el baile: de una naranja salen manzanas que empiezan a rodar, se transforman en higos, enredaderas, ramas, piernas, brazos. Un nuevo cuerpo surge y se empieza a conocer en ese movimiento, en una especie de danza primitiva que a la vez busca y rechaza las palabras. Porque decir este cuerpo es decir su movimiento, ¿y cómo hacerlo sin romper ese leve transcurrir? ¿Cómo decir un gesto, una mirada, un “tibio encastre”? Belara Michán elige la poesía, y logra cuadros vivos, que estremecen y suenan con música nítida, necesaria.

Karina Macció

Bengala Hotel
Eugenia Coiro, 2011
ISBN: 978-987-26325-4-0
68 p.
$40

Adevertencia a los pasajeros

 

“Afuera del limbo está la Vida,
tiene ramas en los ojos.”

 

Bengala Hotel está construido con ladrillos de palabras reflexivas. Arquitectura que se indaga para no ser sólo algo que se halla ahí, erigido. Despliegue y repliegue son movimientos continuos, como propone Deleuze. Uno repercute en el otro. A medida que avanzamos en la lectura, las paredes imaginarias de este cuarto (hojas) se transforman en pantallas que reverberan con imágenes, proyectando una variedad de personajes y sensaciones. A su vez, rebotan contra otra pared imaginaria: una identidad que aparece sólo por este rebote. Se trata de mirar lo que no está, o lo que si alguna vez estuvo, ha dejado una cicatriz, un fantasma, un recuerdo.

 

Permanecer en un cuarto de Bengala Hotel es animarse a probar el limbo: ni la vida, ni la muerte, sino ese intermedio donde fluyen las palabras, como bolas que ruedan, burbujas que flotan, o espuma de oleaje, multiplicándose sin cesar. Espacio de reflexión y búsqueda, se levanta en un intento por conjurar las quimeras que nos acechan. Este libro de Eugenia Coiro, escrito con el detalle, con la música de quien degusta y dibuja los versos, es una invitación exquisita a alojarnos entre palabras expectantes, con ojos abiertos.

Karina Macció

pecespájaros
Gabriel Kirchuk, 2011
ISBN: 978-987-26325-1-9
152 p.
$50

pecespájaros nos conduce por un mundo inventado, hecho de múltiples partes que se van uniendo, pequeños fragmentos que han sido recortados, moldeados, cuidadosamente adheridos, como si se tratara de un mural de venecitas. Si nos alejamos lo suficiente, podremos ver que se arma un dibujo. Si nos acercamos, y llegamos a sumergirnos, seremos impactados por el color de esas piedras, por sus formas y texturas. Es un momento donde lo duro se pierde, ablandándose. Para Gabriel Kirchuk las palabras valen en tanto se transforman en música, color, pura sensación:

“Los conectores empiezan a perder sentido, y también las demás palabras… La música inunda cada lapso espacial. Sin lenguaje, le pido, no deje de nadar pez, no deje de nadar, hasta que mi vuelo llegue a tus escamas, y luego sólo flotar sobre hielo naranja.”

Que esta invocación sirva al lector para no imponer su lógica, sino descubrir una nueva. Hay que saber fluir, abrir los ojos debajo del agua, dejarse llevar. Que la lectura sea ágil, original, disfrutable. Abrir y leer, aunque el guiño a Cortázar también supone que estas líneas se traman hasta el final. Como si fuera un cuento, mezcla de chino y argentino -por las vueltas y las resoluciones-, tropical y fantástico, que pone en evidencia a un escritor, a su estética.

El humor y la parodia son claves en este libro. Quizás sean mecanismos imprescindibles para hablar de ciertos temas: el pasaje de la infancia a la madurez, los espacios y las personas que nos marcaron, la aventura –el desafío– de seguir buscando como un niño, con esa avidez, pero ya sin serlo. “La única forma de sobrevivir es siguiendo el ritmo./El ritmo.”

Karina Macció

Casa de Viaje
Natalia Monsegur, 2010
ISBN: 978-987-26325-0-2
64 p.
$35

Buenos Aires, Barcelona, París, Baleares, Suiza y Suecia, África y Oriente: lugares por los que transita y habita el yo de Casa de Viaje. Justamente, ¿cómo pueden enlazarse esos dos verbos? ¿cómo habitar (ocupar, poseer un espacio íntimo, un hogar que siempre es tiempo y marcas) en continuo movimiento? Si además hay exilio, ¿cómo se perciben las (de)limitaciones del vasto mundo que se halla invisiblemente cercado, tramado? ¿Cómo, a la vez, moverse sabiendo, sintiendo, en el cuerpo la frontera, el barrote, la prohibición? ¿Y qué hacer con el extrañar, ese otro movimiento de adentro, misterioso que nos conecta con el afuera de una forma tan intensa y tan distante? Deseo constante que empuja –como dice Baudelaire– mueve a buscar ¿qué?

Este libro de Natalia Monsegur nos lleva de viaje en un recorrido que inevitablemente sucede de manera concreta en el cuerpo y en el alma, que se inscribe en un mundo que no puede decirse más que a través de pequeños momentos. Lo demás (lo grande, lo épico) son historias e imágenes gastadas, que ya casi no se pueden sentir. Por eso, este libro es un como un álbum maravilloso: en lugar de fotos, letras que proyectan espacios, sensaciones, sentimientos, otra forma de ver, siempre poética, que atraviesa a la viajera y se lleva en la memoria-corazón.

 

“tuve la suerte de ver desnudo

al mundo

le quité la piel de agua

me la puse encima

como el asno”

Karina Macció

La Playa
Loreley El Jaber, 2010
ISBN: 978-987-24360-8-7
98 p.
$42

Escribió Albert Camus: “después perdí el mar, todos los lujos me parecieron entonces grises”. Y añade: “¿Qué hacer si no tengo memoria más que para una sola imagen?” El lujo del mar excede cualquier otro lujo. Desde la playa -el territorio de los afanes infantiles- el mar se vuelve el lugar de la fascinación y del peligro. Precisamente por su carácter peligroso (“no te metas muy hondo”), el mar resulta fascinante. El verano asociado al mar es una imagen tenaz, que crece con el tiempo, y se hace presente cada vez que nuestra libertad se ve amenazada o que el tedio acecha. La línea del horizonte es también la línea que alcanzan los ojos, y nos preguntamos qué hay más allá. Por ese motivo, estos poemas, agradecidos por una infancia feliz, más que la melancolía por el pasado que se fue, cuentan la voluntad de actualizar los días de la niñez en su aspecto más preciso: el juego, su aprendizaje y su incesante búsqueda. ¿Cómo se puede apelar a la memoria sin que el pasado se torne nostálgico? Los poemas de Loreley El Jaber responden que esos días gloriosos no terminaron de suceder. La arena, el cuerpo, los vínculos familiares son los objetos de interés de esta niña que no apela a una atención fija y obsesiva, sino a la distracción para reconocerlos como objetos decisivos. El juego con las hermanas, las manos amorosas de la madre, las pequeñas proezas del padre, el descubrimiento erótico del cuerpo son las huellas dejadas en la playa que las olas del mar aún no han podido borrar.

Carlos Battilana

herpes
Mana, 2010
ISBN: 978-987-24360-7-0
175 p.
$45

herpes se impone destruir para volver a inventar. Carcome las palabras, y las vuelve ácidas, nostálgicas (eso que sabían decir, ya no dicen más). Provoca el difuminado de los géneros, y así poesía, cuento, guión, se entrelazan para contar una historia: las aventuras de un personaje solitario, violento, reflexivo y tierno, que trata de conectar con la ciudad, el pasado, las mujeres, consigo mismo, y fracasa. Todo parece estar contaminado en (por) herpes, como la cara del enamorado adolescente, que se revienta los granos para acudir a la cita y queda “como el último tomate de un cajón”; como la convivencia de la pareja deshecha, “Imbuidos en la indiferencia funcional”; como el negocio cruel de la Anticuaria, que sólo compra “objetos que llevan grabados recuerdos”.

Sin embargo, se afirma “Están las cosas malas, para que estén las buenas”. Entonces se sigue buscando, se sigue apostando, se escribe y “Quizás haya alguien del otro lado/ y esto resulte”. (El) herpes tiene la forma de un virus, hay que atravesarlo, porque llega y se va sin aviso. Nos queda sólo decidir qué actitud vamos a tomar. La propuesta es fuerte: “Dejó de existir el lugar de la resignación. Del conformismo. (...) Hoy vamos a cambiar, mi querido amigo. La idea original mutó”.

Vale la pena contagiarse.

Karina Macció

Sentir Óseo
María Victoria Verzura, 2010
ISBN: 978-987-24360-6-3
152 p.
$45

“Para no ser/ yo/ me inventé un cuerpo”; “redibujé trazos/ finos”; “la boca se hizo letras/ dije todo”. Sobre el cuerpo viejo, con el cuerpo mutilado, todavía se puede escribir, y aún más, se puede crear otro cuerpo, siempre potente: el de la escritura. Es a través de la escritura que se puede atrapar y conjurar lo amorfo, contener la muerte, renovar la voz. El silencio, así, se convierte en el compañero perfecto, en algo tan imprescindible como el aire. Entonces la muerte ya no es una agonía dolorosa o sin sentido, sino más bien un estado que interrumpe el sentir para que todo se reconcilie (cuerpo, voz, pensamientos, sentidos), para que todo sea UNO (ya no hay mundo ni yo). Por medio de la escritura, se pueden desarmar las cajas de cristal, desandar las traiciones, re-inventar el yo. Se puede deshacer lo “real” y blanquear la experiencia, volverla algo que se pueda (sobre)llevar y apre(h)ender.

Los textos de Sentir Óseo no sólo permiten, sino incitan, a releer, a volver a empezar. Por eso, “victoria” se escribe con minúscula, es algo pequeño y cambiante, que se hace día a día. Por eso, también, más que un nombre (el de la autora) es una forma –ósea– de sentir: “escribo/ observo/ quiero hacer de esto/ una forma/ una manera/ un molde/ de vivir/ de enfrentar la vida/ de ser”.

Karina Macció

Lengua Espiral
Perla Ericlée Quinteros, 2009
ISBN: 978-987-24360-5-6
148 p.
$42

El dibujo espiral de este viaje nos advierte que arribaremos al puerto más difícil, donde lo único que hay es un espejo: o nos atrevemos a mirarnos y a doler hasta reconocernos para, de algún modo, volver a empezar (a nacer), o quedamos desorientados, obnubilados en la luz que el solitario espejo refleja, sin saber qué hacer, adónde ir, sin saber nada, ya que no nos atrevimos a buscar(nos).

Si como los héroes pudimos enfrentar el descenso, el camino hacia la superficie nos mostrará nuevas posibilidades, con ojos y lengua más abiertos, más dispuestos, más permeables, susceptibles de captar nuevas sutilezas. Susceptibles de aventurarnos, una vez más, a amar y a morir:

NEFASTO             TE AMO AHORA             y no sabés
quien soy
                   PORQUE
no has visto
me
         Y TE AMO

PERO             no tanto como para no pensa
que puede fracasar
ÉSTE, MI    TE AMO

Lengua espiral nos invita a dejarnos llevar para descubrir, bajo otra luz, los fundamentos del “amor y otras membranas”.

Karina Macció

Estuche Negro
Ricardo Czikk, 2009
ISBN: 978-987-24360-4-9
128 p.
$35

Con un estilo que en sí mismo tienta los extremos –un gusto barroco que de pronto se concreta y se hace plano nítido, sin revés–, que encara tanto un relato como un poema que reinventa palabras, este libro se abre para intentar otro camino, ése plagado de preguntas y descubrimientos. Con intensidad, se aventura a ir de la luz a la sombra, y de vuelta, porque una y otra se llaman, se requieren. Ir, de la contradicción a la paradoja, y aprender a permanecer en la tierra de lo incierto, de la poesía. Como una miniatura que sin embargo puede desgajarse infinitamente; como una nuez, reino de Hamlet, que es capaz de contener el universo.

 

En definitiva, como un libro que sólo cerramos para volver abrir:

 

"Estuche negro

sorpresa en su contenido

un muerto, una alhaja

un sinfín de ideales

y mi deseo

de no transitar."

Karina Macció

malapalabra
Cecilia Maugeri, 2009
ISBN: 978-987-24360-3-2
120 p.
$35

La "malapalabra" no es una, son todas las palabras. Es la "bolsa de gatos" de la lengua, que incluye todo lo que decimos, sentimos, pensamos (todo lo que somos).

 

Cecilia Maugeri nos da un hilo fuerte y brillante, hecho de letras que laten, fluyen, (nos) llevan. Estos poemas persiguen, a través de la indagación íntima, del re-planteo radical del ser y el hacer, de la dolorosa comprobación de que vivir y decir son muy diferentes, la leve esperanza de que la palabra poética sea capaz de mutar, y entonces adquiera sentido. Seguro, dulce, sorpresivo, el ritmo de cada poema se impone, como oleadas variadas y constantes que van envolviendo, que atraen hacia el fondo (el fondo de sí, de todo).

 

"hacerme nervadura

brotar

quedar hecha torrente de palabras

latiendo, golpeando

reluciendo

sin poder evitarlo

sin poder

negar

arrepentirse

volver atrás

o esconderse

porque ya está

ya lo dije

y ahora es

en mi cuerpo

la palabra verdad"

Karina Macció

clin caja
Aníbal Ilguisonis, 2009
ISBN: 978-987-24360-2-5
64 p.
$32

Un lector, devenido máquina de registrar, pero aun más, máquina poética –ya que su registro tiene que ver con la lengua y la generación de un ritmo– no dejará de re-crear diálogos, momentos y hasta géneros literarios, para arrojar su visión, con sonido metálico y gusto ácido: una combinación corrosiva de palabras que van contando cómo el dinero nos atraviesa y nos define, cómo nos sumerge en un despiadado sistema binario, donde sólo tenemos la fantasía de las múltiples opciones, y en el que estamos adentro, o afuera.

 

"mundo caja

pienso cajas

sueño cajas

caja cerrada

caja que cierra

caja abierta

caja de madera

caja chica

caja fuerte

cabeza de caja

       una presión terrible en mi cabeza chica fuerte hermétrica plástica

                                                            de cartón aislada a punto de estallar

                                                     clinnnn"

Karina Macció

La cajita de Pandora
Virginia Janza, 2008
ISBN: 978-987-24360-1-8
64 p.
$30

"Negación de la religión: pasión por la religión. Cada poeta inventa su propia mitología y cada una de esas mitologías es una mezcla de creencias dispares, mitos desenterrados y obsesiones personales". Esto dice Octavio Paz, y esto hace en su libro Virginia Janza. Pandora, Prosperina, Galatea; Prometeo, Hades, Hermes: máscaras que se prueban, a sabiendas o no, y que nos hacen repetir, trágicamente, historias aprendidas, arquetípicas. ¿Cómo escapar? ¿Cómo seguir buscando? ¿Cómo saber qué es lo real, o lo propio?

"-Ay, si sólo pudiera hallar un lugar nuevo
nunca antes explorado...
-
Conformaba a los insectos
de sangre roja, anticuada
(y Rilke aconsejando
empezar desde adentro)."

Este libro-viaje entrelaza lo más íntimo con lo social, lo pequeño con lo enorme, la búsqueda original en la lengua cotidiana con lugares revisados de la literatura clásica, y así logra una voz precisa y potente, profunda y prístina, que se atreve y a la vez se esperanza en intentar lo imposible, lo propio de la poesía, decir lo que no se puede, contar, otra vez, la travesía del amor.

Karina Macció