
Diario de la Transformación
Karina Macció, 2011
ISBN: 978-987-26325-3-3
184 p.
$55
¿Hay una historia? ¿Hay muchas? ¿Es un cuento? ¿Qué ocultan las palabras? ¿Qué es X? ¿una cicatriz? ¿una persona? ¿dos líneas que se cruzan, por casualidad, en un punto y nunca más vuelven a tocarse?
X puede ser un personaje, un significante vacío que se va llenando a medida que el libro avanza. X puede ser alguien o algo que punza. Está ahí, y desde su incógnita perturba.
Barthes dice que el punctum es ese azar que me despunta. Flecha que se convierte en epifanía. Una conmoción difícil de poner en palabras. Es el punctum que viene a mí, lector, y se me clava, dejándome con crucecitas en los ojos: clown triste, expresión total, elocuencia pura.
Virginia Janza
Este libro se expone a ser un todo partido, a reconocer que no sabe si contar lo que pasó o lo que pasa, si ayer vale la pena o si el tiempo es hoy, ya muerto en la escritura. En definitiva, el diario siempre resulta futuro porque el que escribe (o pretende escribir) siempre promete que escribirá. Y en el medio, deseando que llegue la literatura, lo que se asoma es la escritura que –al fin– es lo único que no se pierde.
Los textos de Karina Macció tienen el don de hacer hablar a las palabras, agarrar al lenguaje, mirarlo de atrás para adelante, por los costados, desmontarlo, recauchutarlo para que suelte la lengua y diga, vamos, ¿qué nos quiere decir? Todo el tiempo nos está diciendo cosas, el tema es que hay que saber leerlas.
Cecilia Maugeri

Presente Continuo
Carlos Battilana, 2010
ISBN: 978-987-24360-9-4
80 p.
$45
“Esa época de la vida en que el pasado empieza a ser denso; en ese punto está”.
En Presente Continuo emprendemos, partiendo de ese punto, un intenso recorrido que nos lleva a través de bosques helados, fondos blancos, y piedras del cielo. En ese viaje percibimos que el tiempo no sólo se cuenta y se registra, se repite y se dibuja. El tiempo es una sensación completa que nos invade en cualquier momento: en la repetida ruta junto a un hermano, en un paseo casual con un hijo, en un asado a campo abierto con toda la familia.
Carlos Battilana realiza una exploración necesaria dentro de la propia obra para instaurar un hilo, otro -Ariadna y Minotauro a la vez- que se vibre ahora con los tesoros y fragmentos del pasado. Hay una búsqueda dentro de la búsqueda que proyecta con más intensidad lo que persigue esta voz. El poeta se resiste a dejar que las palabras se vuelvan piedras impenetrables, que el tiempo se transforme en un bloque duro que nos aplasta. El poeta vive de su poesía, se realiza al realizarla, pero también busca lo que ella le puede dar: una iluminación, una justificación, una belleza y fuerza fugaz.
“Con las letras de las palabras, ordena el mundo. Pero el mundo está hecho de materias, de desvíos, de bloques irrespirables. En ese afán de que las cosas se acomoden a su percepción, se halla, insensato a los signos del mundo.”
Karina Macció

La Pérdida o La Perdida
Karina Macció, 2008
ISBN: 978-987-24360-0-1
192 p.
$35
Como La disaparition de George Perec, La pérdida o la perdida habla de un extravío, ya no aquí el de una por demás ubicua letra "e", sino el de un acento que podríamos -quizás sólo entrecomillándolo- tildar más "de época" que "de extranjería".
Lo que se ha perdido aquí es -enhorabuena- el tono de suficiencia -desde la risa postmoderna de los 80 al regodeo en lo vulgar (¿pseudogauchesca urbana?) de la década siguiente-, de la que Karina Macció siempre supo mantenerse saludablemente a un lado.
Lo que se encuentra, en cambio, es -enhorabuena- el apunte minucioso de una experiencia extrema. Es decir, precisamente eso que -(n)os guste o no- ha hecho siempre (a) la gran literatura: dar lugar al fluir de una conciencia que necesita arrojo por demás para escucharse y enfrentarse a sí misma.
"Poesía urgente", "Poesía necesaria como el pan de cada día", como diría Gabriel Celaya, no tanto aquí por política denuncia de una devastación social y comunal, como por íntima biopsia e indagación del ser y estar, y del perderse y desaparecer y reeencontrarse, frente a ese espejo que siempre es uno y... el otro más entrañable.
Esa otra política, esa otra estética, ese humanismo.
Mercedes Roffé