Quiénes somos


Quiénes hacemos Viajera

Dirección: Karina Macció

Diseño de contenidos y difusión: Eugenia Coiro

Producción: Marcela Manuel

Producción Audiovisual: Gabriela Oyola

Difusión redes: Gabriela Aristegui

Contacto Internacional: Julia Mariotti

Colaborador: Juan Ignacio Trentalance

 

Diseño: Laura Mazzini

Corrección y Edición:

Eugenia Coiro

Karina Macció

 

Origen e historia

Por Karina Macció, directora y fundadora

Siempre me gustaron los libros, es más, no puedo vivir sin ellos. Me encanta que se reproduzcan en mi biblioteca, me encanta tener más y más. Es en lo único que me permito acumular, pero también amo que se dispersen. En todos mis proyectos, desde Zapatos Rojos, pasando por Cabaret Voltaire, y por cualquier ciclo donde se leyera o actuara, siempre existió una mesa con libros, una mini librería con un menú selecto, libros inhallables en otra parte. Los autores se llevaban algunos y dejaban otros, así la mesa se iba haciendo cada vez más tupida. Empezamos a trasladar valijas con libros, desde ese momento –hablo del comienzo de esto que puedo llamar producción de encuentros literarios, desde 1999– no dejé de trasladarlos. Entonces fue parte del mismo viaje personal la idea que me impregnó y fue tomando forma de a poco: armar una editorial. La mayor justificación era hacer libros –nunca habrá suficientes en el mundo– pero aunque eso me alentaba, sabía que tenía que encontrar otros motivos. Estos aparecieron luego de empezar a publicar mis poemas, darme cuenta de que muchas veces editor y autor sólo coincidían brevemente, y que las editoriales no conformaban un grupo o movimiento. Se me ocurrió que el catálogo debía ser algo vivo, algo que uno pudiera escuchar, personas con las que ponerse en contacto, ir a ver, charlar sobre su escritura. Se me ocurrió que los libros tenían que ser objetos bellos en su apariencia, muy cuidados, objetos que nos tentaran a abrirlos para ver qué había. Porque, es verdad, hay muchos, muchísimos libros, y entonces ¿cómo elegir? ¿Cómo enfrentar el desafío de publicar un primer libro y dar a conocer al autor? ¿Cómo hacer que un lector lo elija? Es como enamorarse, pensé. Hay que seducir a los lectores con todas las armas posibles. Entonces: un libro de diseño simple pero contundente, definido por el color (los colores son energía y cada uno transmite algo en sí mismo); un libro hecho con los mejores materiales sin que resulte inaccesible, pero cuidado hasta el último detalle; y lo fundamental: en su corazón, una escritura sorprendente, brillante, un viaje para los sentidos, una voz que resulte insoslayable.

Tenía motivos y ganas. Lo demás estaba justo ahí, esperando que yo conectara. Hacia fines del 2005 y comienzos del 2006, se fue armando en mi casa un taller que crecía y crecía. Era claro que debía encontrarle un espacio propio, una nueva casa sólo dedicada al encuentro de los grupos de escritura y lectura. La búsqueda comenzó. Y con ella, casi al mismo tiempo, apareció un nombre que condensaba todo lo que quería del proyecto: Siempre de Viaje – Literatura en progreso. Un lugar portátil, un rincón material para juntarse con la propuesta de viajar en las letras, de sentir en todo momento el viaje de la vida, pero atravesado de literatura. La necesidad imperiosa de traducir en palabras las experiencias, de generar poesía, relatos, todo tipo de escritos. La necesidad absoluta de estar en movimiento, porque el tiempo nos ocurre a cada instante y nos cambia, aunque nos quedemos sentados leyendo en un sillón, como dije Girondo, sillón que se transforma, inevitablemente, en transatlántico. Otros versos venían a mí y me empujaban, de Alejandra Pizarnik, “Pero arremete ¡viajera!”. Todo cobraba un nuevo sentido, y de a poco, me iba viendo en algo que se gestaba, que empezaba a intuir, que sería, sin dudas, mi viaje.

En el 2007 aparece la posibilidad de abrir un espacio en el Abasto. Allí, en unas torres altísimas, un departamento se transformó en la Guarida Literaria. Siempre de Viaje estaba, aún sin saberlo, oficialmente inaugurado. Sus integrantes ya le daban calor, lo agitaban, le daban sentidos. Pronto estaban listos los primeros libros, después de años de trabajo y de exposición en ciclos, ferias, festivales. Ahora sí: Viajera germinaba y se realizaba. Esto sucedió en el 2008. Empezamos con dos colecciones, Descubrir, dedicada a primeros libros de autor, la apuesta más radical –dar a conocer a escritores nóveles– y Explorar, para autores que ya forman parte del mapa literario, para seguir adentrándonos en su obra en construcción. Más tarde, y porque la traducción es otro eje central de todo lo que hago (¿cómo no pensar constantemente en la traducción imposible que hacemos del cuerpo al papel?), surgió Bífida, libros en dos lenguas o más, textos que piden ser dichos en otra lengua, autores y traductores en diálogo, escribiendo en conjunto.

Seguimos viajando, siempre. Lo más importante para mí sigue siendo hacer libros que sean viajes inolvidables (con los que me voy a dormir, a soñar, a crear). Ahora también quiero hacer libros virtuales, que puedan llevarse en los distintos dispositivos, libros fáciles de adquirir y compartir, que se mueven rápido y se pueden dispersar en cualquier parte del mundo sin las restricciones que a veces la materia nos impone. Leer, escribir, viajar: mis verbos frecuentes y favoritos, otras formas de decir: amar y vivir.